Llegamos a la Torre,
Siong aun no ha soltado mi ya enrojecida oreja… Duele. Pasamos las murallas y entramos en el vestíbulo de la Torre,
por dentro es del mismo color que por fuera, tal vez más oscuro o simplemente
es un efecto óptico, ya que la iluminación es un poco escasa. Sólo está
iluminado por unas antorchas que ahora estan apagadas ya que únicamente se encienden
de noche. En el vestíbulo no hay nada más que dos cuadros de bodegones en las
paredes, las escaleras que dan al resto de los pisos y un pasillo que da al
comedor y la biblioteca. Por la hora que es se oye alboroto en el comedor. Pero hoy no comeré por hacer novillos esta
mañana. Siong tira de mi oreja haciéndome subir las escaleras hasta el
primer piso. Las escaleras son anchas con un pasamano simple de madera sin
apenas labrar. En el primer piso hay tres clases, unos baños y un laboratorio pequeño.
Las clases corresponden a los niveles: Principiante, Aprendiz y Maestro.
Generalmente al Principiante asisten niños de ocho a doce años, en el Aprendiz
de doce a diecisiete (Teóricamente, más
lo normal es estar ahí hasta que eres mayor edad o abandonar si pasas de esa
edad y no logras aprobar el curso). En el Maestro los pocos que pasan el
acceso a este nivel tienen generalmente veinte años u así. Diréis que hay una
contradicción, ya que si acabas el Aprendiz a los diecisiete o dieciocho y el Maestro
empieza más o menos a los veinte hay dos años que te tocas la barriga ¿No? Pues
no. Lo que se hace es practicar por tu cuenta para la Prueba. En la Prueba un
jurado evalúa tus dotes para invocar, y no sólo eso, sino que también evalúa
tus intenciones (No vaya a ser que quieras dominar el mundo y sembrar el caos,
para eso no te enseñan) Y la forma de actuar que tienes. Yo estoy en el nivel Maestro,
este es mi primer año, como os dije no sigo aquello que se considera normal. Siong
dice que es porque tengo una habilidad innata para aprender rápido y ejecutar
los conjuros con eficiencia y en poco tiempo de práctica. Por eso he avanzado
tan rápido, bueno por eso y porque soy la persona en la que Siong tiene mas
esperanzas de toda la escuela (Siempre la gente dice que el estar dónde estoy es
más por el cariño que me tiene Siong que por méritos propios, pero yo sé que
eso es falso). La verdad es que no le
queda mucha más gente en quien depositar sus confianzas, cada vez somos menos
en esta Torre. En Principiante sólo son ocho chicos, en Aprendiz no superan
la docena y en Maestro somos cinco. Cuatro chicos y una chica de dos años más
que yo, otro caso especial, con diecinueve ya está en Maestro. Siong me
encierra en mi clase con él y me comienza a explicar una nueva invocación, la
de un rocho, un ave de gran envergadura que se alimenta de rubíes. Sale caro tener uno como mascota jeje. No
pude evitar que se me escapara esa frase en alto, y por ello… ¡Golpe de bastón!
Antes de que hubieran vuelto mis compañeros ya había un rocho joven en la sala.
Mis compañeros entraron, y, tras una señal de Siong, despedí al rocho con la
contrainvocación, darle las gracias por venir y poco más. Primero entra la
chica de la que os hablé antes, es guapísima, se llama Nesliz. Tiene la piel
clara y el pelo color azabache. Sus ojos son verdes tirando a marrón oscuro. Es
de mi altura, vamos que no es bajita, y tiene una sonrisa preciosa. Al verme
despedir de mi rocho me sonríe y baja la mirada. No puedo evitar sonreír, tal
vez una sonrisa estúpida, pero en esos momentos te da igual porque ella te ha
sonreído (Los que estéis enamorados me
entendéis, y los que no… También). Detrás de ella entró el “inteligente” de
Yámial, tiene veintitrés años o así, no le he preguntado ni me interesa. No
hace más que coquetear con Nesliz y no se da cuenta que a ella no le gusta,
sino que más bien le detesta. Es el típico altorro criado en campo, fuerte y
ancho, pero corto de entendederas. Yo creo que pasó la prueba por la cantidad
de años que lleva aquí, no porque valga para esto. Tiene el pelo castaño y los
ojos del mismo color. Al darse cuenta de la sonrisa de Nesliz me dirige una
mirada fulminante que me atraviesa el alma, pero no me importa mucho. Nos
miramos el uno al otro a los ojos, los dos desafiantes. Él sostuvo la mirada,
pero al rato, como todo el mundo, la desvió. Tras él entraron los dos gemelos
casi idénticos, tanto que no les distingo la verdad. Son poco más altos que yo,
pero no mucho. Tienen el pelo rubio como el trigo y los ojos azules. Según
Nesliz, Emael los tiene más claros que Ezael, pero yo no les logro distinguir. Y no pienso ponerme a mirarles a los ojos
fijamente, la verdad, sólo para saber con quien hablo. Van siempre con
Yámial y le apoyan en todo. Tienen ventiún años y juntos consiguen buenos resultados
en esto de invocar criaturas. Pero separados no hacen gran cosa, la verdad sea
dicha. Son un equipo, pero que, si les separas, pierden la mayoría de su poder.
Se dice que les permitieron hacer la prueba
juntos, ya que sino, no la hubiesen pasado, pero les condicionaron a que no se
separasen si quería llegar a ser invocadores profesionales… Y luego dicen que
yo estoy enchufado. Todos se sientan en su sitio, y Siong comienza a
explicar de nuevo lo del rocho. Seguro
que Yámial no lo ha conseguido… Otra clase aburrida acaba de comenzar,
menos mal que mañana es mi cumpleaños, bueno eso y que estoy sentado al lado de
la ventana lo que me permite ver el exterior e irme a dar un paseíto
mentalmente.
La clase acabó y nos
dirigimos al comedor. Nos sentamos por etapas, cada uno en una mesa con su
profesor. No conozco al resto de los alumnos de otros niveles, ni siquiera a los
profesores. Los que dan clases ahora son distintos a los que me dieron a mí. Siendo
sincero sólo me ha dado clase Siong, no sé por qué, tal vez me quiera tener
vigilado (Él dice que un don como el mío ha de ser usado con responsabilidad,
por eso debe educarme para usarlo de una buena manera).
Empiezan a traer comida
los encargados. Estos son gente que no sabe apenas nada pero trabajan aquí, en
la cocina y sirviendo, es casi imposible hablar con alguno de ellos ya que no
paran quietos, lo que no te da posibilidad alguna de entablar conversación. Hoy
hay pescado con ensalada, nada del otro mundo, y de postre fruta fresca, aunque
lo de fresca es discutible. Todos comemos en silencio, sin duda a causa del cansancio.
– El
rocho que habías invocado era joven y parecía inteligente, estoy impresionada –¡Era
Nesliz! ¡Y me lo había dicho a mí! Trago y pienso que contestarle.
– La cría que invocases,
tenía una mirada inocente y era muy hermosa –Eso lo dije con segundas sin
querer, de todos es sabido que la criatura invocada es aquella que se parece
mas a la persona invocadora, en cuanto a la edad, el carácter… Nesliz se sonrojó.
Y yo sonreí con lo que yo
creo que fue una sonrisa de tonto, de nuevo. Vaya, ya llevo dos en una sola tarde. Dejé de sonreír cuando vi la
mirada de Yámial, era una mirada de odio y por primera vez tuve verdadero
miedo. El vocalizó algo: “Te mato”. Miró a otro lado, como si no hubiese pasado
nada. Pensé que era una simple amenaza, no le di más importancia y seguí
cenando. Mi cerebro no prestó la suficiente atención a esa amenaza ya que
estaba rebosante de felicidad a causa de la corta conversación con Nesliz, lo
cual me costaría muy caro.
Después de cenar podemos
hacer varias cosas, desde ir a la biblioteca o dar un paseo. Yo decidí irme
directo a la cama, estaba especialmente cansado y no sé por qué. Fui a mi
habitación, pequeña y acogedora. Al no haber muchos alumnos como en otros años,
hay una persona por habitación. (Antes cuando éramos más compartíamos
habitaciones dos personas, o incluso tres). Allí en las paredes tengo dibujos
míos, sobre la mesilla tengo mi objeto más preciado, unos guantes. Son de
terciopelo blanco con ribetes negros. Según Siong es lo único que dejaron mis
padres cuando vine aquí y sólo me los puse el día de la prueba a grado Maestro.
Es mi objeto más querido de toda mi habitación. También sobre la mesilla tengo
una flauta travesera tallada en madera, sólo yo la he tocado y produce una
melodía preciosa. A veces sueño que estoy a solas con Nesliz y toco para ella
una melodía. Pero es un sueño, nada más.
Me cambio y me pongo la túnica de dormir y me acuesto. Al poco tiempo ya he
caído dormido.

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