domingo, 30 de noviembre de 2014

XI APRENDER QUIEN ERES

 ¡Ha desaparecido!  Voy a la entrada de la cueva a asegurarme que no se había ido corriendo o volando simplemente, pero al llegar a la entrada no está ni a lo lejos. Es cierto que ha desaparecido. Tras ella ha dejado un extraño olor amargo, similar se podría decir al que dejan las invocaciones cuando las despides. Estuve dando vueltas a la habitación un rato preguntándome cómo ha logrado desaparecer. La chica volvió a aparecer de la nada al poco tiempo, me sobresalté un poco (Vaaale lo reconozco, mucho) (… Lo admito, pegué un brinco que casi me doy un coscorrón con el techo de la cueva) Que queréis que os diga, entre que aparece de la nada y además que es… Es como es, no es nada raro asustarse. Se acercó a mí.
– Dame un abrazo
 ¿Qué? ¡Me dijo eso sin más!
– ¿Pero qué? Oye, oye que ya no estoy deprimido, no hace falta.
– Tonto, no es por eso –¿Entonces a qué viene?– Sólo es que tenemos que ir a la ciudad y no creo que quieras ir por la calle como si nada. Creen que te he matado porque ayer el Alcalde me dio esa misión, y no voy a cumplirla. Voy a fallarle por primera vez –Bueno mi superstición de que quería matarme no era del todo errónea por lo que veo, pero he tenido suerte ya que no ha hecho caso– Así que vamos a ir teletransportándonos, y para ello es mejor que estés en contacto conmigo. Y cuanta más superficie menos energía gasto, así de simple. Vamos no hace falta que lo pienses y ni se te ocurra separarte de mí.
Ahh… Con que era eso… Teleportarse, de toda la vida… No, no me deja más tranquilo la verdad. Aunque la idea de teletransportamos no me hace ni una pizca de gracia, pero no me queda otra opción. Me adelanto un paso y me sitúo frente a ella. Me abraza con fuerza, me rodea además con la cola y sus alas. Sin duda teme lo que pueda pasar si me separo de ella en el momento crucial, yo prefiero ni pensarlo, sin duda no es bueno por su comportamiento. Su piel no es normal, es escamosa como la de las serpientes, esta chica es verdaderamente rara. Entonces sentí una sensación rara, la tripa me dio un vuelco. Me mareé como nunca lo había hecho en mi vida. Abrí los ojos y no vi nada salvo a ella, de repente estamos en una habitación con una señora y un niño pequeño mirándonos, no se habían alterado, sin duda parecían acostumbrados ya a esta visión. La chica se separo de mí y yo me tambalee, entre ahora estar sin algo firme aferrándome, y estar mareado caí al suelo de culo. El niño se rió.
– Jajaja, el chico se ha caído, jaja. Cuando Ner hizo eso conmigo ni me mareé. Jaja, es un flojucho.
No pude enojarme porque todavía no había asentado la cabeza, para mí el niño está hablando desde el techo.
– Jeremiah, no seas malo – Le reprochó su madre– Anda vete a tu cuarto, voy a hablar con Ner y este chico.
–Vaaale –Contestó obediente pero desganado.
Dicho eso el chico se fue y subió unas escaleras y nos quedamos los tres solos en la habitación. Entonces la mujer empezó a cerrar ventanas y puertas una por una. Cuando acabó, habló.
– Ner ¿Serías tan amable? No veo nada –No sé a qué se refiere…
– Claro.
No sé que pasa, pero de repente una bola de fuego azul claro, casi plateado iluminó la habitación. La pequeña bolita estaba sobre la palma de Ner. Aunque ahora que lo pienso no es tan pequeña, es como mi puño.
– Hola Lan, encantada soy Yian, ex-alumna de un gran mago. Espero poder ayudarte.
– Encantado, por lo que veo Ner ya le ha dicho mi nombre.
– Sí, pero no sé mucho de ti. No ha querido decirme más porque dice que eso ya es personal.
No quiero tener que volver a relatar como he matado a mi maestro, agacho la cabeza y mis ojos quedan tapados por mi mata de pelo ahora plateada. Parece ser que Yian se da cuenta que no me es cómodo hablar del tema.
– No me interesa tu historia, sólo quiero saber tus habilidades.
– Sí, claro –Le fui relatando todo lo que sé hacer– Soy estudiante de Invocador. Nivel mMaestro. Y desde hace un mes aproximado… también soy hombre lobo
– ¿No has notado nada raro desde entonces? –Esto parece un interrogatorio.
– No sé… ¿A qué se refiere?
– Me refiero que por ejemplo Ner, desde su diecisieteavo cumpleaños, que fue la anterior luna llena –¡El mismo día de mi cumpleaños!, que casualidad– La empezaron a crecer las alas y la cola, cambió su tono de pelo y piel y se teleportó por primera vez
– Ahora que lo pienso, también desde hace dos lunas cumplí los diecisiete, y me convertí en hombre lobo. Mi pelo también ha cambiado, antes era castaño. Mis sentidos, creo, que se han agudizado. Pero no me he dado cuenta de nada más.
– Muy bien, interesante –Se giró a donde estaba Ner apoyada en la pared sin decir palabra desde hace un rato– Ner enfócame la biblioteca. Utiliza esto como un entrenamiento, intenta mantener la intensidad de la llama.
 –Sí, señora –Dijo con voz respetuosa.
La llama se transportó poco a poco hasta una estantería en la que no había reparado. Yian se aproximó a ella y sacó varios libros, detrás de estos había uno mucho más gordo y antiguo. Lo puso sobre la mesa y comenzó a mirar las paginas y musitar palabras por lo bajo. No sé a dónde nos llevará esto… Entonces alzó su mirada hacía mí. Sonrió y volvió a posarla en el libro. Me inquieté un poco, no me gusta que me analicen. Volvió a mirarme y habló.
– No hay duda, Ner ha acertado, has de ser uno de los Elegidos. Primero se te nota en la mirada y el pelo. Además de tus habilidades para la invocación… Y el que eres un hombre lobo.
– ¿Pero eso qué tiene que ver? Me refiero, lo de que sea un hombre lobo.
– Déjame acabar. Creo que Ner te mencionó que los Elegidos eran semihumanos, unos tienen el espíritu no humano desde que nacen pero está dormido, el caso de Ner. En otros, como tú, necesitan un aliciente para despertar. En tu caso, el ser mordido por Fenrir hizo despertar a tu Lobo interior. Está escrito en el destino.  Era tu destino ser un hombre lobo.
– ¿Mi destino? Yo no creo eso… –Dije, pero ahora ya no sé en que creer– Al menos por ahora
– Querido ¿No crees que es mucha casualidad que vinieras a esta ciudad, que el Alcalde te mandara asesinar por Ner y que ella te encontrara enfrente a su cueva? Yo no creo en las casualidades pero sí en el destino. Pero dejemos eso a parte. Según he leído aquí, el Lobo es uno de los espíritus de la luz, aunque no lo parezca, es de la luz, vida y naturaleza. Por eso tu habilidad de invocar a seres naturales. Y si te entrenas según pone aquí posiblemente desarrolles otras habilidades relacionadas con esos temas. Lo que tú tienes no es una maldición sino una bendición de los dioses –Y una porra.
– Pero una vez al mes soy una bestia –Esto no es tan bueno como ella lo pinta.
– No si la controlas. Si la controlases la podrías hacer aflorar a placer. Menos las noches de luna llena, que te seguirás trasformando en lobo, pero tú controlarías la situación, no la bestia.
– Pero soy un monstruo, la sociedad quiere matarme. No soy humano.
Ner, salió de su tranquilo silencio y se dirigió a mí algo alterada. No me había dado cuenta pero cada una de mis palabras le hacía apretar el puño cada vez un poco más.
– ¿Y tú te quejas? Yo soy un monstruo siempre, de día y de noche, luna llena o lo que sea. No tengo apariencia humana. Tú al menos todos los días eres consciente que, si la gente no conoce tu condición, puedes vivir tranquilo y en paz. Pero yo lo más que puedo hacer es ocultarme bajo capas. Incluso aquí, que el Alcalde y algunos vecinos me protegen y tienen cariño, más de una vez me he visto despreciada de muchas formas. Si aprendes a controlar al lobo que hay dentro de ti, llegaras a ser una persona normal. Yo a lo más que puedo aspirar es que nadie mire lo que hay debajo de la capa y el sombrero de ala ancha.
Parecía agotada, a punto de llorar. No me lo podía creer, parecía una chica fuerte, imposible de lograr que derrumbarse, como una torre. Tiene razón, no tengo derecho a quejarme en comparación con ella. Esas palabras me habían calado hondo. Quise disculparme por mi actitud, pero ella se me adelantó.
– Yian, me voy, cuando me necesitéis enviarme a Jeremiah. Sabe donde estaré. Adiós.
Dicho esto desapareció. Y con ella la luz. Oí a Yian suspirar, andar y coger algo. En unos instantes ya había encendido un pequeño candelabro.
– Lo siento. Parece que la he ofendido –Intenté disculparme. Como si eso fuera a servir ahora.
– No te preocupes, lo que Ner ha pasado en la vida ha sido duro.
-          ¿Qué le ha pasado?
Comenzó a relatarme su historia:
<< Cuando era pequeña vivía con un padre adoptivo, es huérfana. Aprendió el arte de la espada, la lucha con todo tipo de armas y sin ellas al mismo tiempo que aprendía a leer y lo propio de los niños. Pero cuando cumplió los catorce ya parecía una mujer hecha y derecha. No está bien visto ser una guerrera y su padre la echó de las clases que él mismo impartía. Hubo una pelea familiar y ella acabó viviendo en el bosque sin hablar más de lo necesario con quien había sido su padre. Desde entonces se ha propuesto cambiar esa forma de ver el mundo a las mujeres. El día que cumplió los diecisiete salvó a mi hijo teleportándose. Acabó enterándose todo el pueblo y casi muere por culpa de un cazarecompensas. El Alcalde la ofreció trabajo y se dedica a hacer encargos. Al mismo tiempo, ella ha seguido cambiando hasta donde la ves, que ya no parece de este mundo. La gente del pueblo ha empezado a desconfiar de ella, los niños huyen de ella porque sus padres decían que era un monstruo y no era humana. Oye a gente que planea matarla, pero no puede hacer nada. Incluso ha visto a mi hijo volver a casa lleno de heridas de otros niños cuando él la defendía. Está muy mal aunque no lo parezca, lo pasa fatal. Pero sigue luchando para cumplir su sueño, y así demostrar que puede ser útil a los además, a pesar de no ser del todo humana y ser mujer. Se entrena a fondo siempre que puede. El último recado fue matarte a ti. Un recado directo del Alcalde. Pero no te ha matado, todavía no es capaz de matar a alguien, parece mayor pero sólo es una chica asustada. Nadie se da cuenta de ello>>
Es cierto, pobre Ner. Por ello le ayudaré en lo que pueda con todas mis fuerzas, lucharé contra la bestia por ella y en honor a Siong. Primero he de enterarme de algo más sobre nosotros.

– ¿Cómo sabe usted tanto? –Le pregunté a Yian.
– Fui aprendiz de un gran mago que habita en las montañas. Me enseñó mucho. Este libro es lo único que conservo de esos días.
– ¿Cómo podría…? Eh –Busqué las mejores palabras para expresarme– … ¿Aprender a usar mis poderes? ¿Cómo sé cuales pueden ser?
– Mira, haremos una prueba simple. Por lo que sé de los invocadores, si queréis invocar a una criatura necesitáis preparativos, velas y cosas de esas ¿No es así?
– Sí, así es –Le asentí, está en lo cierto.
– Muy bien, pues estoy segura que podrías invocar criaturas sin necesidad de esos preparativos.
– ¡Eso es imposible! Lo saben los niños que acaban de llegar a la escuela que es imposible invocar a cualquier ser, por pequeño que sea, sin realizar los preparativos previos.
– Inténtalo –Me animó– Hazlo igual que si tuvieras todos los materiales y preparativos que quieras.
– Está bien… –Asentí finalmente, aunque sé que no pasará nada– No creo que pueda funcionar pero vale. ¿Qué he de invocar?
– Pues cualquier cosa, sólo te pido que no sea muy grande por el tema del espacio aquí adentro – Dijo sonriente.
No creo que funcione, pero no pierdo nada y además he de hacerlo por mucha gente. Decido invocar a un ciplop, un pequeño roedor de larga cola y alado. Su cuerpo es del tamaño de un puño, así que el tema del espacio no será un problema. Se usa para transmitir mensajes y de compañía de algunos invocadores. Suelen ser de un color dorado, aunque he llegado a ver alguno cobrizo. Alzo mi mano, me concentro e intento llevar energía a ella. Comienzo a recitar el conjuro, palabras en arcano que invocan a la criatura, pidiendo que un ciplop acuda a mi llamada. Siento el desgaste de energía típica de las invocaciones pero más fuerte que otras veces. En mi mano se empieza a formar una niebla de color ocre o dorado. Entonces de entre la niebla aparece un pequeño hocico de ciplop. Lo miro con los ojos desorbitados ¿Pero cómo demonios…? Parece que esta mujer tenía razón. El ratón mira a su alrededor memorizando lo que ve, con curiosidad. Su nariz no para quieta, aspira el aire de todas las direcciones para captar olores… Pero se detiene un instante cuando me ve. Me mira esperando que le diga algo.
– He acudido a su llamada, señor amo –Dijo una voz proveniente de la criatura– ¿Qué puedo hacer por usted?
No podía salir de mi asombro. Las criaturas no hablaban, era la primera vez que entendía a una. ¿Sería uno de los cambios mencionados antes? Le miré con los ojos desorbitados.
– Amo ¿Está usted bien? ¿Le ha pasado algo en los ojos? –Me pregunta inocente mientras gira la cabeza.
– Sí, claro, estoy bien. Gracias por acudir –Hay que ser agradecidos lo primero– ¿Eres tú el que habla?
Pareció un poco sorprendido.
– ¿Me está entendiendo? Es el primero que lo logra, el resto de los humanos sólo cree que emitimos gruñidos y sonidos chirriantes y usted lo ha entendido. Aunque ahora que lo miro bien… No es humano, al menos del todo ¿Me equivoco? Esos ojos… Eres el Hijo del Lobo ¿No es cierto, amo?
– ¿Cómo puedes saber eso? –Este bicho no hace más que asombrarme.
– Nosotros, los ciplop somos muy sabios, pero vosotros no lo sabéis porque no nos entendéis. Sólo nos usáis de meros mensajeros.
– Lo sentimos… Hablo en nombre de mis compañeros y mío –La verdad es que me avergüenzo un poco, es cierto usamos de mensajeros a animales que por lo que acabo de ver son inteligentísimos.
– No importa, nos aburre estar todo el día sin hacer nada. Bueno sólo a mí, soy Lowin, decidí acudir a tu llamada porque me encanta ver este mundo. Es muy bonito ¿Lo sabéis? Sin duda no, no sabéis valorar muchas cosas.
– Encantado Lowin, gracias por venir. Puedes marchar cuando desees. Encantado de conocerte.
– ¡No espera! –Me sobresalté– ¡No me despidas! ¿No pretenderás que me vaya así como así sin hacer nada? ¿No tienes ningún mensaje? ¿Nada? ¿No hay nada que pueda hacer? –Me preguntó desesperado.
– Me temo que no –Es verdad… No tengo nada para él, espero que no se lo tome a mal.
– Me has dicho que me vaya cuando deseé… –Esto me da mal rollo– Pues deseo quedarme con usted. Le vendré bien de ayuda, usted es joven e inexperto. Le acompañaré, un poco de ayuda adulta y sensata no le vendrá mal.
– ¿Pero…? ¿Pero que dices? ¿Cuántos años tienes para considerarte adulto?
– Um… Unos ochentaitres, soy joven para los ciplop, pero si no me equivoco para vos es bastante por lo que sé –Asombroso– Y por… La expresión de su rostro. Además no le molestaré amo, no pediré comida ni nada. Sólo necesito ver mundo a cambio de mis conocimientos.
– Bueno, está bien –El ratoncillo, vamos, Lowin me sonrió, o al menos yo supuse que era eso– Pero tendrás que tener cuidado, no creo que nuestra vida vaya a ser un camino de rosas.
– Sí señor, gracias por todo.
Yian había observado la escena sonriente.
– ¿Ya acabasteis? Ves como sí que podías, te lo dije. Y parece que ese ciplop se ha encariñado contigo.
Cierto, nada más acabar la conversación se acomodó sobre mi cabeza. Con las alas plegadas y su larga cola enroscada en mi cuello.
– Por hoy ya está bien, enviaré a Jeremiah para que busqué a Ner. En estos días que vienen vendrás aquí a entrenarte en lo que Ner hace los recados que la encomienden –No era una idea, era una orden. Asentí. No me queda otra opción– ¡Jeremiah! Baja. Ve a buscar a Ner.

Hace un rato que ese chiquillo salió corriendo por la puerta, desde entonces sólo he hecho una cosa, además de hablar con Lowin y dejar ciertas normas claras, quien manda y todo eso. He aprendido a crear bolas de energía. Es lo mismo que usé el otro día contra Lobo pero en la vida real. La bolita que creé era pequeña y poco uniforme, se expandía y se volvía a contraer constantemente. Además no era completamente esférica, tenía protuberancias. Yian me ha explicado que con el tiempo eso lo iré mejorando. También me ha explicado que esas bolas de energía son del mismo funcionamiento que las de fuego de Ner, ambos debemos de seguir practicando.
Pero lo que más me ha asombrado ha sido ver al pequeño Lowin sobre el gran libro de Yian, leyéndolo con voracidad y comentándome los fallos que había. Yo se los decía luego a Yian. La verdad es que ese ratoncillo es más listo de lo que creía. Espero que sea igual de bueno como compañero de viaje.
Ha pasado mucho tiempo desde que Jeremiah se fue. Su madre parece inquieta. No para de dar vueltas ¿Qué ha podido pasar? ¿Suele tardar tanto? No quiero hablar, pero Lowin lo hace por mí. Habla desde encima de mi cabeza, como ya parece haberse acomodado, y yo no se lo impido.
– Hey, Lan ¿Qué pasa? El ambiente está muy tenso –Ya me dejó de llamar señor, o amo. Fue, más o menos, desde que se acomodó en mi cabeza y me convertí en un sofá con patas para él, desde entonces no me trata de usted.
– No lo sé… Yian ¿Es normal que tarden tanto? –Pregunté, ella me negó con la cabeza.
– No, no lo es. Me estoy preocupando. Podrías ir a buscarles –Como de costumbre es una orden, no un ruego– Yo me quedaré aquí, por si vienen.
– ¿Dónde están? –Por saber donde he de empezar a buscar.
– Estarán en el bosque, en la cueva que hay al norte, vamos la cueva de Ner –Los nervios no le dejaban explicarse bien– Ya has estado allí ¿No? Si no están allí búscales y tráeles de vuelta, no estarán muy lejos de esa zona. Ten cuidado. Si vienen aquí, lo sabrás. No te preocupes, ya iría ella buscarte. Volando no tardaría mucho en verte. Corre, ve.

Lowin, que pareció enterarse de todo, apretó más su cola contra mi cuello. Cogí una capa negra que me tendió Yian y me puse la capucha. Por suerte la capucha es grande y me la he podido colocar de tal forma que ocultase mi pelo, parte de mi cara y a Lowin. Hecho esto salí corriendo en dirección al bosque. Espero que nadie me reconozca.

domingo, 23 de noviembre de 2014

X MUCHO QUE CONTAR

He cazado una liebre grande, nos servirá para desayunar a los dos. Cazar es fácil con mis habilidades, ahora mi teletransporte es más rápido y me cansa menos, no me fatiga tanto como las primeras veces. Ahora puedo recorrer más distancias y mi cuerpo ya se ha acostumbrado perfectamente a esto. Me he entrenado a conciencia este mes. Algún día lo necesitaría, algo me lo dice. Además así me mantengo en forma. Para los entrenamientos pedía ayuda a Jeremiah, a cambio le pagaba medio lode, que la verdad que ahora que trabajo todos los días, casi todos los días sí que tengo algún recadillo, el dinero me sobra un poco. El niño disfruta y a mí me hace un favor. Les debo mucho a él y a su madre. Además gracias a Yian he aprendido mas cosas de mí y del resto de los Elegidos, y creo que ese chico puede ser uno de ellos. Algo dentro de mí me lo dice, me da esa impresión, el pelo plateado como el mío, los ojos… Volví a la cueva volando, literalmente. Estas alas me encantan. No sabéis lo bien que sienta un paseíto a la luz de la luna, de noche haciendo piruetas y caídas libres, es lo mejor, os lo recomiendo. Además, como ahora duermo sólo unas cuatro horas me da tiempo para darme paseitos nocturnos siempre que quiera (Será cosa de estos cambios que estoy sufriendo, ahora como más y duermo menos) Me posé a la entrada y plegué mis enormes alas. No vi al chico. Ay madre… Esto no me gusta. Es un problema, sobretodo para él. No le conviene irse por ahí el solo, considerando que está siendo buscado. Me adentré en la cueva en sí.
– ¿Hola? ¿Dónde estás? Te dije que esperaras –Le dije con esperanzas de que me contestara desde algún rincón de la cueva.
Oí un ruido detrás de mí, me giré y le vi con una de mis dagas. Pensaba matarme, o al menos herirme, a pesar de haberle salvado. Qué poco agradecido, muy descortés por su parte intentar matar a alguien que le quería ayudar. Qué se le va a hacer la juventud de hoy en día se va de las manos. No me importa mucho, casi me alegro de lo que hace, hacia tiempo que no mantenía una riña armada con alguien y lo echaba de menos, no me miréis mal, comprendedme. Llevo perdidos tres torneillos sin poder participar. Además en el cartelito pone que es peligroso, a lo mejor me da juego. Me teletransporté detrás de él. Con un brazo le rodeé el cuello y le presioné contra mí. Con la otra mano le agarré el brazo armado. Con una pierna presioné detrás de la rodillas lo que le hizo caer sobre mí y ambos sobre el suelo, tal y como había previsto, al contrario que él. Él parecía asombrado, sin duda creía que con el factor sorpresa se puede luchar en igualdad contra mí, pero va a ser que no. Que decepción, uno no se puede fiar de las promesas de los carteles. Posé la punta de mi cola en su cuello, él se intenta retirar un poco, pero llega un momento en el que no puede retirarse más. Cuando se vio “entre la espada y la pared” tragó saliva… Pero no hizo más, estaba asustado.
– ¡Querías venderme y cobrar la recompensa! Eres una asesina despiadada…– Bla, bla, bla. Puse los ojos en blanco, parecía que no iba a callar. Entonces paró, así de repente. No he hecho nada, no creáis que le haya cortado en el cuello sin querer, no soy tan mala. Empieza a balbucear algo, parece realmente aterrado– Encima hay algo que no me cuadra –Comenzó– Un brazo está en mi cuello, el otro sujetando mi mano derecha. ¿Qué… Qué es lo que está en mi cuello?
– Mmm… –Parecía que no lo veía bien, y como decirlo… ¡Va! Hay que ser honestos en la vida– Mi cola, jeje. Tranquilo como te prometí no te haré daño. ¿Vale? Para que veas, voy a retirar mi cola de tu cuello y la acercaré a tu mano derecha para que me devuelvas mi daga. Luego te soltaré y hablaremos en lo que desayunamos ¿Vale?
No le queda otra opción, espero que lo comprenda, porque no le quiero hacer daño. Me cae bien este chico, tiene agallas como para haberme intentado hacer frente. Pero no es estúpido y sabe que ahora él está en desventaja. En mucha desventaja.
– … –Suspiró– No me queda opción, está bien.
– Muy inteligente por tu parte.
Retiré mi cola y, tal como prometí, la llevé a su brazo, el abrió los ojos desorbitadamente cuando vio la cola. Cuando acaricié su mano se estremeció, mi piel ahora es ligeramente escamosa. Enrosqué mi cola en torno a la daga, y él la soltó. Le solté poco a poco para no asustarle y ambos nos levantamos. Cogí mis cinturones y coloque la daga en su lugar y me puse el cinturón, no quería más incidentes.
– ¿Cómo… Apareciste junto a mí? ¿Por qué eres así?
– Tranquilo dale tiempo al tiempo. Te lo explicaré mientras comemos.
El vio la liebre y se le hizo la boca agua y asintió. Comencé a despellejar a la libre con cuidado bajo su atenta mirada, analizándome a mí y a mis movimientos. En cierta manera recordaba a un niño cuando ve a un animal extraño que no había visto en la vida.

El desayuno ya está preparado, sólo queda encender la hoguera y calentarlo. Junté unos leños pequeños. Por primera vez en bastante tiempo mi compañero hablo.
– ¿Quieres que encienda la hoguera? Ya le he cogido práctica –Dijo intentando colaborar, pareciendo orgulloso de poder encender el fuego en poco tiempo.
– No, no hace falta. Gracias –Me tendió su yesca, algo decepcionado por sentirse inútil– No tampoco me hace falta eso, gracias de nuevo.
Me miro con asombro, sonreí.
– Esta habilidad la aprendí hace no mucho gracias a una amiga de la ciudad que nos podrá ayudar.
Acerqué una mano a los leños. Me concentré y de mi palma brotó una pequeña chispa azulada. Me ha costado mucho aprender esto y controlarlo, sólo consigo pequeñas bolitas de fuego como mucho. Espero seguir aprendiendo y poder hacerlas mas grandes. Aún que fuera sólo una pequeña chispita el chico me miro con asombro, bueno cada vez con más asombro.
– ¿Cómo lo has hecho? ¿Eres maga? No has hecho invocación alguna… –Me preguntó, intentando obtener una razón lógica del hecho.
– Tranquilo, todo a su tiempo –No hace más que preguntas, pero lo hace con buena intención.
Me cae bien este chico.

Apagué el fuego acercando la mano a él. En el ambiente ya huele que alimenta. El chico me miró, como preguntándome si podría comer. ¿Qué se cree? ¿Qué no le voy a dejar comer? Oye, que no soy tan mala como para ponerme a comer delante de sus narices sabiendo que él tiene mucha hambre también. Sonreí.
– Puedes comer, pero ten cuidado que aún quemará.
Le tendí un bol de madera y un tenedor. Me miró y casi llorando se sirvió un poco, sin querer abusar.
– Gracias –Dijo tan sólo, pero agradeciéndolo de verdad.
– Es un placer, pero para otra vez no me des la bienvenida con una daga ¿Eh?
Sonrió, por primera vez en un tiempo creo. A acto seguido empezó a comer saboreándolo bien.
Nos acabamos el puchero entero entre los dos, me comentó que llevaba mucho tiempo sin probar la carne y sin comer bien. Parecía feliz de haber comido y de algo más… Entonces habló más seriamente.
– Gracias por la comida, eres la primera persona que se preocupa por mí y no intenta herirme o algo de por el estilo en mucho tiempo. Gracias de nuevo y perdona lo de antes ¿Me podrías explicar ahora todo lo que antes decías? –No se le había olvidado aún. Tan sólo había esperado el momento idóneo para preguntar.
– Claro, aunque es un poco largo… Y es mejor que te lo explique otra persona. Pero te iré introduciendo –Me puse seria, esto es algo muy importante– Atiende bien, no quiero gastar saliva innecesariamente.
<< Me han contado que hay unos seres que velan por el equilibrio y la tranquilidad en este mundo, cuando se avecina una catástrofe envían a algunos espíritus de su especie a habitar dentro de un humano. Les otorgan ciertas habilidades especiales, pero al mismo tiempo les maldicen. Estos poderes son una bendición y una maldición al mismo tiempo, es un arma de doble filo. >>
<<Se distinguirán entre ellos, pero han de ayudarse y cooperar dejando a un lado sus diferencias como humanos y como seres especiales.>>
– Es una profecía muy antigua, no me acuerdo, ni me han podido enseñar, mucho más que esto –Dije encogiéndome de hombros– Por eso digo que es mejor que vayamos a ver a otra persona. Pero tranquilo, yo creo que tú eres uno de los Elegidos, es decir, que portan dentro de sí mismos a uno de esos espíritus. Tenemos que buscar al resto. Aunque antes de ir con esa persona te pediría que me contaras un poco de ti. Ni siquiera sé tu nombre. Yo me llamo Nerwana, pero llámame Ner –Le sonreí para que se sintiese un poco más cómodo.
– Ah, claro. Soy Lanwey, pero me suelen llamar Lan. Soy invocador, de los mejores suelen decir… Bueno, solía decir mi maestro.
Bajó la mirada y no le pude ver los ojos porque se los ocultó con el pelo medianamente largo que tenía. No supe que hacer, bueno la verdad es que a causa de mi escaso trato con las personas no sé lo que se hace en estos casos… Apoyé una mano en su hombro e intenté reconfortarle.
– Vamos, tranquilo, cuéntame lo que pasó y así lo arreglaremos juntos.
Lo dije con una voz que hacía mucho que no usaba, suave y tranquila. El empezó a hablar, me contó cosas sobre donde vivía, sus compañeros de clase, Nesliz y por último lo que le habían hecho, y lo que él había hecho.
– Llevo huyendo desde entonces, solo. Con la única compañía de los que me perseguían. Pero… ¿Qué he hecho yo para merecer esto? No he hecho nada malo. ¡Yo no he pedido esto!
Entonces se derrumbó. Le abracé, me dio mucha pena, todo lo que le había pasado. Y desde entonces nadie le había reconfortado, nunca ha podido desahogarse con nadie. Un abrazo amistoso le vendrá bien. Él lloró, pero no le detuve, le tape con mis alas como algunas aves hacen con sus crías en señal protectora. Espero que le reconforte todo esto. Al cabo de un rato dejo de llorar, retiré las alas y continuó hablando.
– Gracias, ya me he desahogado. Lo único que puedo hacer ahora es controlar esa bestia, y para ello será mejor que hable con esa persona que me mencionaste.
Me alegré de verle mejor. No sé por qué pero me preocupa mucho, a pesar de que apenas le conozco, siento que estamos muy unidos. Los dos somos diferentes.
– Claro, ahora vengo, he de avisar a esa persona. No nos podemos presentar así de repente.
Él asintió. Me teleporté, aparecí en casa de Yian. Ella cuando me vio no se asombró. Ya estaba acostumbrada a mis súbitas llegadas. Me habían preparado un espacio para que me teleportara allí, ya que si hubiera algo en mi lugar de destino podría ser peligroso.
– Buenos días Yian, hola Jeremiah– Saludé.
Jeremiah me vino a decir hola, e intentó cogerme la cola, yo la apartaba con cuidado de no cortarle, era un juego.
– Yian, el chico que el Alcalde me encargo que le matara resulta que es un Elegido, o eso creo. Está en mi casa esperando que regrese. Le he dicho que sería bueno que hablase contigo. ¿Quieres que le traiga ahora? ¿O no es buen momento?
– No, está bien, no tengo nada especial que hacer ahora. Tráele. Ven con él aquí directamente, no vayáis por la ciudad, sabes que para él no es seguro.
- Sí, claro. Ahora vuelvo.

domingo, 9 de noviembre de 2014

Capítulo doble: VIII PRESENTACIONES & IX RECOMPENSA


VIII      PRESENTACIONES 
 
Ya es de día, y este chico de pelo plateado, del mismo tono que mis mechas plateadas, sigue dormido en mi jergón de la cueva. Parece que ya se despierta. Se incorpora asustado, su respiración esta agitada y jadea un poco, como si estuviese fatigado. No quiero saber como se pondrá cuando repare en mi presencia… Lo primero que hizo fue mirarse las manos, suspiró aliviado. Se dio cuenta que estaba en un lugar extraño. Tocó la cama sin saber donde estaba y luego miró a su alrededor, recopilando información. Finalmente reparó en mí. Y como me imaginé gritó con todos sus pulmones y se puso pálido. Menudo alboroto está armando. Una bandada de pájaros huye en desbandada cerca de aquí, asustados por el repentino grito.
– Eh, eh, tranquilo, no te pongas así. No te haré daño. Sino, no estarías vivo ahora y en mi cama.
– ¿En tu cama? ¿Quieres decir que esta cueva es tu casa? –Preguntó incrédulo.
– Sí –Contesté lacónicamente.
– Muy bonita, jeje –Estaba nervioso sin duda. Suele pasar cuando la gente ve por primera vez mi nuevo color de piel azul oscuro, mis alas del tamaño de una persona alta aún estando plegadas. Ya acabé mi transformación en este mes, Yian no cree que vaya a cambiar más. Y él todavía no ha visto la cola, que medirá algo más de un metro y está acabada en una punta de flecha. Esa punta es de algo parecido a hueso sólo que de color plateado y increíblemente más duro. Más que un hueso me recuerda a un metal, como el de mis dagas, afilado y brillante. Sólo difiere en que es mucho más ligero y que forma parte de mi cuerpo.
– ¿Qué tal te encuentras? –Le pregunté interesada.
– Bien, gracias. ¿Te hice daño anoche? ¿Qué paso?
– Tranquilo, por suerte te encontré antes que los cazarecompensas y que causases estragos en la ciudad. Sólo tuve que controlarte un poco, ya que la batalla difícil la tenías tú. Iré a cazar algo de carne, espérame en la cama y no toques nada. Tú y yo tenemos que hablar –No le sugería nada, era un deber, una orden. Por su bien que no me tocara nada, ya que no me gusta que toquen mis cosas.
Dicho eso salí de la cueva a cazar algo y volver cuanto antes, desplegué mis alas y comencé a volar. No confío mucho de ese chaval… Un ser humano aterrado y confuso es impredecible.


IX         RECOMPENSA


Esa chica, o lo que sea da miedo. Tiene alas y es azul como la noche. Pero sin duda me ha cuidado esta noche, o al menos eso dice. Estoy perfecto y por lo que me ha dicho no he causado estragos. Eso es bueno. Pero ahora me preocupan más otras cosas. Esa chica, al igual que yo, no parece completamente humana. (¡Que no, vamos! Si ella es humana, yo soy de las estrellas) Pero tiene un par de mechones del mismo tono que mi pelo plateado (Y ese no es un color común) Además no sé por qué preocuparme, dijo que hablaría conmigo y algo me dijo de ir a cazar. Con un poco de suerte y ponerle carita de cordero degollado a lo mejor me da algo de comida (Mi estómago ruge más que nunca, está muy hambriento) Sopesándolo todo… Me quedo aquí. No pierdo nada. Aún así quiero investigar un poco los alrededores de aquí y las cosas que posee. Me había desnudado de cintura para arriba, había dejado mi ropa en una mesilla cercana y junto con mis pertenencias. Reparé en una venda en mi brazo, justo en el lugar donde me había mordido el Lobo en sueños. Esto quiere decir que lo que me pase con él en sueños afecta a la realidad… He de tenerlo en cuenta. Me vestí y me asomé a la salida de la cueva. Para mi asombro daba al claro donde había cenado. Eso quiere decir que ésta es la cueva que ví y que atribuí a algún animal. Entre de nuevo. La chica tenía una capa, unos guantes y un sobrero todos ellos escarlata sobre una silla. En una estantería tenia varios libros. “El arte de la espada” “Lucha sin armas” y más del tipo, pero me asombró algo más: “Leyendas de hoy y de ayer”, “Seres de mitología”… Parecía que le gustaban este tipo de cosas raras (No sé por qué digo raras si yo esto lo he estado estudiando toda mi vida…) Seguí mirando. Encontré una especie de escritorio. Encima había un folleto. Era uno de busca y captura. ¡Era el mío! Era la primera vez que lo veía detenidamente, ya que al que se lo cogí prestado lo tenía arrugado y medio roto. Tiene un retrato bastante logrado. Me imagino que había hecho algún compañero mío de la escuela. Sin duda alguna dejaba claro como era facialmente pero no tenía el pelo plateado, lo cual podría ayudarme a huir (Por fin algo de suerte). Sobre la foto ponía “Se busca, vivo o muerto, por licantropía y asesinato. Peligroso.” Y debajo de la foto “Recompensa: 100 lodes” Entendí todo de golpe. La chica no me había salvado. ¡Me iba a llevar a la perdición! Mire a mi alrededor y vi un cinturón con muchísimas dagas. Los libros, las dagas… Sin duda era una asesina a sueldo. Cogí una de las dagas del cinturón y me escondí. Asesinarr o ser asesinado, y no iba a morir así como así, aún tengo que cumplir una promesa.

domingo, 2 de noviembre de 2014

VII EXILIO Y PRIMERA NOCHE


Llevo varios días ya exiliado. No sé a dónde ir, tengo miedo. No sólo porque desean mi muerte, sino porque estoy cambiando, y no hablo de crecer un par de centímetros. Estoy intentando ir a una ciudad cercana, creo que se llama Wadelvar, que por lo que sé está siguiendo el río. Eso me da oportunidad para todas las mañanas mirar mi reflejo, y con ello, observar mis cambios. Mis ojos no han cambiando, tal vez se han vuelto más verdosos que marrones pero no mucho. Sólo ha cambiado mi pelo. La raíz sigue siendo marrón, pero las puntas son plateadas, canosas brillantes si lo preferís. ¿Por qué esta pasándome esto? Estoy seguro que desde lejos parece que tengo el pelo plateado. Pero ojala esta fuera mi única preocupación, tengo varias por orden de importancia: Primero, sé que estoy siendo perseguido por varios caza recompensas, ya que han puesto precio a mi cabeza. Es poca pero suficiente para tentar a más de uno. Cien lodes, de media un jornalero gana al día medio así que haceros idea. Además supuestamente soy un jovencillo indefenso menos las noches de luna llena ¿Qué como me he enterado de eso? Muy simple cuando uno de ellos dormía le robé el papel donde lo ponía, sólo lo ví y luego ya lo deje en su sitio; Segundo, en mi vida he sabido valerme solo, no consigo comida apenas, sólo frutas y algún pescado que pesco en el riachuelo. La carne es un plato casi imposible de conseguir. Diréis que por qué no invoco algo para que cace por mí ¿No? Pues no puedo: Gastaría mucha energía y tampoco tengo mucho tiempo para preparar una invocación entera. Además a los seres sólo hay que invocarlos con razones, sino no vuelven a responder a tu llamada. Incluso estuve obligado a vender mi flauta a un vendedor ambulante a cambio de comida y algunas cosas necesarias para lograr pescar algo; Problema tercero, no tengo dinero y no sé quien empleará un fugitivo que sale en un montanazo de cartelitos con recompensas sobre mi cabeza. Espero que en Wadelvar no sepan aún de los problemas de la Torre de Invocadores, o al menos ésa es mi esperanza, sino tendré que seguir mi camino como vengo haciendo desde ahora.
Wadelvar está más lejos de lo que me habían dicho, han pasado más de tres semanas, y no falta mucho para mi primera luna llena como hombre lobo… No sé qué pasará. Entonces veo algo en el horizonte, parece la torre de una iglesia. Dicen que las iglesias tienen las torres altas para orientar a los peregrinos hasta ellas. Primero me alegro, por fin me acerco a mi destino final. Pero me doy cuenta de algo. Creo que mañana es luna llena, si me acerco más a la ciudad puede que sea un peligro para sus habitantes. No lo pienso más y sigo andando. No sé lo que haré… Cae la noche. Me dispongo a comer algo de fruta y bayas que he ido almacenando en mi viaje. No tengo más comida para cenar esta vez. Ceno en silencio, extiendo mi capa para protegerme del duro suelo y hago una bola con mi mochila como almohada, esta es mi cama todos estos días. No me podré quejar, pero se podría mejorar, claro está. Buenas noches.

Ya ha amanecido y es un día claro. Voy a sacar mi “caña”: conjunto de juncos con una cuerda y una aguja (Algunas de las cosas que me dieron a cambio de mi querida flauta) Me dispongo a pescar el desayuno y la comida. Tarda como cuarto de hora en picar algo, pero por suerte parece una carpa de gran tamaño, lo suficiente para desayunar y luego comer. Saco la yesca e intento hacer un fuego, ya he cogido práctica y al poco ya tengo una pequeña hoguera. Los primeros días tardaba casi horas para sacar una triste chispa. Guardo la mitad del pescado en un trozo de cuero y lo meto en la mochila. El otro lo frío sobre una piedra grande y plana que encontré un día. Tras desayunar el pescado y alguna fruta silvestre y recoger todo vuelvo a emprender mi marcha. Ya apenas me canso aunque ande durante horas, mis pies ya se han acostumbrado y mis piernas se han fortalecido (Ahora dudo que sea un muchacho tan escuchimizado como antes).
Al medio día ya se distinguía perfectamente la ciudad. Paré bajo un árbol y comencé a cocinar y comer el pescado sobrante de esta mañana, que con el hambre que tengo siempre me sabe a gloria. Pero aún así hecho de menos la escuela, no sólo la comida, el lugar, mi habitación, la gente…No quiero pensar en ello, que sino me deprimo y no es bueno. Caminé después de comer sólo un poco, pero no me quise acercar más a la ciudad ya que sino esta noche podría causar estragos en ella y yo intentaré que no sea así. Me senté bajo un árbol, cercano al río, detrás mío hay una cueva de animales. Pero prefiero quedarme fuera para ver las estrellas antes de que me transforme, a ver si con ello me relajo un poco. Está anocheciendo, no sé qué hacer. Podría invocar algo que me controlase, pero yo creo que nada podría controlarme dadas las circunstancias de que no tengo materiales para realizar grandes invocaciones y de que seré un lobo extraordinariamente fuerte. Atarme a un árbol no tengo con qué… Sólo me queda luchar contra la bestia. Hay quien dice que algún hombre lobo consigue controlar a su bestia interior y usar ese poder en su beneficio, es mi única esperanza.
Ya ha anochecido, la luna llena se empieza a dejar ver. Me empiezo a inquietar, no puedo parar quieto, algo está dando vueltas dentro de mi cuerpo. Sé lo que es, pero prefiero hacer como si no. Entonces un rayo de luna cae sobre mí, entonces ese algo se centra en mi cabeza, en mi conciencia. De repente en una fugaz imagen veo los ojos de Fenrir, esos ojos amarillos que salen en mis pesadillas todas las noches. Me llevé las manos a la cabeza y grité de terror. No, para bestia, no te dejaré. Una voz en mi interior me contestó. O, sí, sí que lo harás, humano.
– NOOO –Grité, yo creo que toda la ciudad se enteró de mi grito. Pero no me importaba. Me empezó a picar todo el cuerpo y a dolerme el final de la espalda, la rabadilla. Me mire las manos y vi horrorizado como les crecían un pelo plateado. No podía hacer nada por evitarlo. Me dolía todo el cuerpo, no tarde en caer de rodillas del dolor. Lanzaba pequeños grititos de agonía, de dolor físico y mental. Entonces, en vez de gritar comencé a aullar. Mi mente se empezó a nublar, sólo llegue a ver una extraña silueta, parecida a la de un demonio con alas y cola, y me desvanecí.

Sentí mi cuerpo en la nada, en un mundo negro. No había nada, ni suelo ni cielo, era la nada literal. Entonces de la nada apareció poco a poco Fenrir, primero se presentó como un fantasma difuso, luego como una silueta definida. Pero era distinto a la última vez, aunque ahora empiezo a dudar que sea el propio Fenrir. Éste es más pequeño y con pelo plateado en vez de marrón negruzco. Sus ojos, además, no eran amarillos. ¡Eran como los míos! Eso significaba que estaba contra la bestia de mi interior, luchando por el uso de la razón como trofeo. Un trofeo que estaba obligado a ganar.
– Hola, pequeño humano, que sepas que tu cuerpo es mío todas las noches de luna llena, lo quieras o no –No preguntaba, ni intentaba llegar a un acuerdo. Imponía sus normas. Mostró lo que se asemejaría a una sonrisa pero que no se parecía en nada a ésta. Mostraba todos los colmillos, sentí miedo, pero lo deje de lado. Prometí que lucharía contra esta bestia, y lo haré. Sacaré las fuerzas de donde sea.
– Ni lo sueñes lobito de pacotilla, no te será tan fácil –Intenté mostrarme firme, pero interiormente temblaba como un flan.
El lobo primero se impresionó pero luego lanzó unos pequeños aullidos, semejantes a una risa (Si a esos sonidos que pueden ponerte la carne de gallina se les puede llamar risa)
– El cachorro se hace el gallito… Jeje, que gracioso… Pues yo a los gallitos me los como, humano. Ya basta de cháchara, muéstrame lo que tienes, si es que tienes algo más que plumas.
Entonces se lanzó hacía mí al igual que hizo Fenrir hace casi un mes. Entonces comprendí que tenía que hacer algo. Recurrí a unas invocaciones especiales. A ver, que me explique, lo que hacemos es que invocamos a los seres para que nos presten su poder unos instantes. No es necesaria preparación previa pero los efectos son de corto plazo e instantáneos. Además el aporte de energía que debes usar es mayor ya que no te ayudas de runas ni nada, lo creas de la nada.
– Hechizo de invocación elemental, llama del fénix (Traducción del arcano)
De mis dedos salieron unas lenguas de fuego, que en cierta manera me recuerdan a plumas. Se dirigieron a donde estaba el lobo y atacaron por todos sus flancos. Creo que le dí de lleno. Pero Lobo salió de la humareda con un salto, me pilló desprevenido y no lo pude evitar. Me mordió el brazo derecho. Grité. El lobo saltó hacía atrás. Tenía varias quemaduras y sitios sin pelo, o con un poco pero chamuscado. Yo tenía el brazo derecho ensangrentado. Se podría decir que estábamos empate.
– No está mal humano, pero no podrás hacer nada ahora.
Agacho la cabeza y todos los músculos se le pusieron en tensión. Si no hubiera sido por este contexto sin duda habría sido una bella imagen. Entonces empezó a brillar en un tono verdoso claro y aulló con todas sus fuerzas. Esa aura no hacía más que expandirse, y no creo que eso sea bueno. Intenté hacer lo mismo. Siong nos explico por encima lo que era eso: Eso es concentrar nuestra fuerza del alma, magia o como lo quisiéramos llamar, y sacarla fuera para moldearla. Lo hice, y vi como empezaba a brillar de un verde claro y brillante, muy parecido al del lobo (Al fin y al cabo somos el mismo ser) El lobo abrió las fauces y esa aura se fue concentrando en su boca, formando una esfera verde clara y, no sé que me da, mortal. Yo le imité; junte las manos como haciendo un recipiente apuntando hacia él. Comencé a concentrarlo. Mi masa de energía era menos uniforme que la del lobo, al fin y al cabo es la primera vez que hago esto. Ambos estuvimos así un rato, concentrando la energía, pero no podíamos estar así mucho porque es muy fatigado, ya que eso es concentrar nuestra propia energía. Él fue quien hizo intención de atacar antes, cerró la boca, alzó la cabeza hacia atrás, la dio impulso y la lanzó contra mí. Yo lancé la mía como si fuera una pelota de trapo. La suya fue una esfera perfecta, la mía era una estela. Su empiece chocó con la bola de energía del lobo y ambas se detuvieron mutuamente, seguí aportando energía a través de la cola de la estela para fortalecerla, pero sólo mantenía la otra, no conseguía ni destruirla ni traspasarla. Finalmente hubo una explosión y las dos desaparecieron.
– Bravo cachorro –Dijo una voz a mis espaldas, me giré alertado. Pero Lobo estaba sentado y mirándome pasivamente, jadeando. Sin duda a él tampoco tiene una energía infinita– No me has decepcionado. Mi tiempo esta noche ha acabado. Por ahora ambos tenemos posibilidades de tener el control en estas noches. La próxima vez no te lo dejaré tan fácil, cuenta con eso. Ahora he de marcharme, esto cuenta como un empate. Pero no volverá a pasar cachorro. Adiós.

Y desapareció como había aparecido, difuminándose su silueta poco a poco. Yo caí al suelo de la nada, y ahí me quede, agotado, no me moví y finalmente, me dormí.

martes, 28 de octubre de 2014

VI SALVAR A UN NIÑO

Llegamos a la plaza con la respiración entrecortada, sobretodo ella, ya que yo soy joven aún. Un niño se nos acerca con su mirada inocente.
– El señor feo me ha dicho que os dijera que Jeremiah está bien por ahora. Que hagáis como todos los viernes.
Dicho esto, el niño se marcha tan feliz, sin esperar respuesta; al fin y al cabo, ha cumplido su trabajo. Posiblemente le hayan prometido una pequeña propina por hacer un trabajillo que a él le parece una estupidez. Seguramente no se le haya ocurrido que en realidad es el portavoz de un secuestrador.
– Yian, tranquila, encontraremos a Jeremiah, no se preocupe. Yo iré a la zona de los participantes. Le prometo que le encontraré y haré pagar esto a quien lo haya maquinado.
Voy al puesto de inscripción. Lo lleva un chico joven de unos veinte años, de ojos almendrados y pelo castaño claro. Es una de las pocas personas del pueblo que me conocen más o menos bien (es decir: dónde vivo, edad y poco más).
– Muy buenas, Ner, felicidades y que cumplas muchos más. –Cierto, es mi cumpleaños, pero no le doy ni las gracias, tengo otros asuntos en mente.– ¿Qué? ¿Piensas volver a ganar hoy? –Sonríe, esperando que le diga algo.– Te veo algo tensa, tranquila no hay ningún participante especial, no te preocupes.
Dicho eso me entrega mi papel con mis datos y mi número, yo lo recojo y ni siquiera me molesto en comprobar mi número de participación ni nada. Me voy sin más. Él se queda mirándome con un gesto de asombro, me doy cuenta de que no le he contestado. No estaba a lo que estaba, mi cabeza está pensando en Jeremiah.

Busco con la mirada a algún niño dentro de la sala de espera para los participantes. Normalmente, estaría analizando desde la sombra a mis contrincantes, pero esta vez levanto la vista y miro inquieta a mi alrededor. Oigo mi nombre.
– Nerwana y Sawn, afuera. Es vuestro turno.
Es el típico tipo duro y musculoso que trabaja en el campo y quiere ganarse un sueldillo extra. No me preocupa en exceso. Más bien se preocupa él, sabe que tiene pocas posibilidades de salir victorioso. Al oír que saldrá conmigo le oigo maldecir por lo bajo su suerte, mas recobra la compostura y se mentaliza para creer que me puede vencer, o al menos eso veo en su mirada. Eso le hace un digno contrincante. Salimos al exterior y la plaza, llena a rebosar, expresa su emoción y nos vitorea. La gente dice que doy el espectáculo, y por eso les gustan mis combates; en realidad, yo lucho con normalidad, pero, según ellos, soy una estela que se mueve a la velocidad del rayo. Busco con la mirada a Jeremiah, pero no le veo. Dejo mi capa en un lado de la plaza, en una de las verjas que separan el terreno de juego de la multitud. El árbitro alza la voz para presentar a los dos contrincantes. Cuando dice primero el nombre de mi rival se oye algún que otro vítor. Cuando dice el mío, la plaza estalla. Justo antes de que el árbitro dé la señal de comienzo, alguien habla:
– Alto, detengan el combate. –Junto al palco reservado para el Alcalde hay un hombre con un niño. Ese niño llora y es… Jeremiah.– Hola a todos, me llamo Louis y soy un caza recompensas. He rescatado niños, luchado contra vampiros y cazado hombres lobo…
Es el hombre de ayer, y creo que eso que dice se lo tiene él muy creidillo. No le creo ni la mitad. Sinceramente, no le creo nada de lo que está diciendo, incluso dudaría de la veracidad de su nombre. En fin… Eso es lo que menos me ha de preocupar ahora.
– Pero esta mañana oí mencionar a una conciudadana vuestra algunas extrañas facultades que posee, que la delatan como un ser semihumano, es decir, medio monstruo. Salvó a un niño desapareciendo de un lugar y apareciendo junto al niño para volver a desaparecer. Si esto es así, no me opondría a ajusticiarla a la antigua usanza, con una espada bien afilada. –Oh, Dios mío. Este hombre quiere venganza. Y eso no me gusta, sobre todo sabiendo que tiene al pequeño.– Yo os diré quién es y os lo demostraré. La persona es… –hace una tétrica pausa, aunque yo ya sabía la respuesta– la gran luchadora Nerwana. Sí, sí, aquella que tenéis delante y que tantas veces ha resultado vencedora de estos torneos. Esa Nerwana a la que todos conocéis y vitoreáis en esta plaza una vez a la semana. –El público no dice nada, hasta dudo que respiren.– ¿No me creéis? Os haré una pequeña demostración.
¿Qué pretende hacer? Está en el balcón elevado junto al alcalde y no parece armado. Coge a Jeremiah, que resulta estar atado de pies y manos, y le alza sobre su cabeza. ¡Lo va a tirar por el balcón!
– ¿Qué? ¿Ya te has dado cuenta de mi intención? Sí, le voy a dejar caer. –Se oye un grito ahogado que será de Yian.– Si no apareces aquí y le recoges morirá al instante, si tiene suerte, si no… agonizará. Tú decides.
– Mamá, quiero a mi mami. –Llora el pequeño a pleno pulmón. Esos gritos me desgarran el alma. Ese niño está al borde de la muerte por segunda vez en un mismo día.
No tengo opción, le va a arrojar. La plaza está en silencio por la expectación. Algunos están paralizados de terror, otros parecen creer que es una especie de teatrillo, pero pocos se dan cuenta de la crudeza de la realidad. Planee lo que planee ese sinvergüenza, he de salvar a ese niño. Deseo estar allí, lo deseo con todas mis fuerzas. Noto la sensación en la tripa y el erizamiento del pelo de la nuca, y luego mucha fatiga. Es una distancia más larga que la de antes con el carro. Aparezco a la espalda de Louis, justo donde he pensado. Oigo un murmullo de asombro proveniente de toda la plaza. Ahora todo el pueblo conoce mi reciente habilidad. Cojo a Jeremiah antes de que se dé cuenta. Desafortunadamente, él lo ha previsto: se gira con gran velocidad y me clava un cuchillo en el brazo. Ese cuchillo arde. No puedo evitar lanzar un chillido. Estoy acostumbrada a los cortes pero éste, no sé por qué, es especialmente doloroso. Intento evocar la imagen del lugar en el centro de la plaza pero no me concentro. Al menos tengo a mi amiguito en brazos, y eso me reconforta algo, aunque no alivia el dolor.
– ¿Habéis visto todos? Sois todos testigos. –Le miro con odio, ¿Por qué me hace esto? ¿Qué es este cuchillo que me esta quemando la piel?– No me mires así monada, éste cuchillo es simple plata. Es curioso que a todos los que no sois humanos del todo os es increíblemente dañino, os arrebata todo el poder de vuestra otra entidad.
Ríe. Y nadie se ríe de mí así. Está delante de mí, riendo a carcajada tendida y mirando al cielo, saboreando su venganza. Pero no será la humillación que él se ha imaginado si yo puedo evitarlo. Lanzo mi pierna a donde más le duele, con lo que grita y cae al suelo entre sollozos, y con él, el molesto cuchillo.
– Pero, por mucho que sea de plata, no afecta a mi parte humana.
La plaza ríe la gracia. El Alcalde me mira con sorpresa, pero no con miedo. Libero al niño de sus ataduras. Éste se agarra a mí, asustado y gimoteando.
– Señor, si me lo permitís, –me dirijo al señor de pelo cano y un poco rechoncho que está a mis espaldas y es el Alcalde de este pueblo– llevaré a este niño junto a su madre, luego escucharé vuestro veredicto.
– Adelante.
Veo a Yian en la plaza, intentando saltar la verja. Lo logra con la ayuda de la multitud. Estoy agotada pero aún tengo fuerzas para un último teletransporte. Deseo estar junto a ella y llevar conmigo al pequeño. Cierro los ojos y esta vez la sensación es menor. Mi cuerpo se está acostumbrando ya a lo que quiera que sea esto. Aparezco junto a ella. Suelto a Jeremiah para que vuelva con ella. Éste corre y ambos se abrazan y lloran.
– Mami, mami…
– Hijo, gracias a Dios que estás bien. Gracias Ner, gracias, gracias.
– No ha sido nad… –No puedo continuar porque se me quiebra la voz.
Algo se ha clavado en mi espalda, a la altura de mi hombro, más abajo, y abrasa: una flecha de plata. El cansancio me ataca de golpe y todo se vuelve negro. Oigo los gritos de una madre y un hijo y… nada más.

– ¿Estás bien? –dice una voz conocida, es Yian. Estamos en su casa. Ella y Jeremiah esperan mi respuesta con atención.
– Sí, sí… Más o menos –les tranquilizo–. ¿Qué pasó después de la flecha? –Intento levantarme pero un dolor muy agudo sacude toda mi espalda.
– No, no te levantes –me dice Yian, mientras su hijo asiente a todo lo que su madre dice–. Ese desgraciado lanzó la flecha contra ti, alegando que no merecías vivir. Todo el pueblo se puso a tu lado y te defendió, incluso el Alcalde alegando que no habías hecho nada malo y que no habías hecho uso de tus habilidades en ningún torneo. Expulsaron a ese hombre del pueblo y le han prohibido la entrada.
– Eso es bueno –sonrío–. ¿Pero qué harán conmigo?
– El Alcalde propuso que no pudieras volver a participar en los torneos –Es justo y lógico la verdad, si sólo es eso…– Tranquila, no te harán daño. Han estimado que puedes ser de ayuda y no dañina para el pueblo, todo el mundo sabe que eres una buena persona. Dijo que te podrían llamar para pedirte favores y pagarte por ello. Que si tenías alguna duda o problema, fueras a verle. Da las gracias a que tenemos un buen Alcalde.
– Sí, otro hubiese querido rebanarme el pescuezo y venderme a nigromantes. Voy ahora mismo a darle las gracias… –Vuelvo a intentar levantarme, pero Jeremiah se tira sobre mí.
– Mamá dijo que no te levantaras –dice actuando como si fuese un hermanito pequeño.
Sonrío, todo ha salido bien y el pueblo me aprecia, estoy segura allí.

He pasado dos días más en cama, Yian cuida bien de mí. Además me dice como avanza mi evolución. Mi pelo se ha vuelto azul y con un par de mechones plateados. De las dos rayas de mi espalda acababan de nacer dos pequeñas alitas como las de los murciélagos, o como las de los dragones según Yian, de color azul oscuro. Por ahora sólo son del tamaño de medio brazo e inútiles y apenas consigo moverlas. De mi otra mancha, bueno… ha nacido una cola, más bien un muñón de color azulado, aún está creciendo, al igual que las alas. Según Yian, aún me queda bastante tiempo, una o dos semanas, hasta lograr mi forma definitiva. Sé que ambas cosas, cuando crezcan del todo, serán un pequeño problema para la ropa. Por ahora no me afecta demasiado y, además, siempre puedo ir con la capa tapándome. Hoy es el primer día que salgo a la calle y lo primero que haré será ver al alcalde.
Por la calle hay diversas reacciones, algunos me saludan y me sonríen, otros aparatan la mirada o se alejan. Yo, a los primeros, les saludo; con los demás, paso de largo. Algunos incluso preguntan por mi estado o por cómo me encuentro; yo les contesto con una sonrisa de oreja a oreja: nadie se había interesado por mí en mucho tiempo.
Llego a la entrada del ayuntamiento. Le digo el motivo de mi visita a uno de los guardias, que me dice que le acompañe y me lleva ante el Alcalde. El despacho de éste es amplio, con un par de cuadros, una chimenea y un perro de compañía. El perro, cuando llego, alza la cabeza, luego la baja, pero me sigue mirando, y gruñe cuando paso cerca de él para ir junto al Alcalde. Una alfombra cubre el suelo y componen el mobiliario tan sólo una mesa y tres sillas, una para el alcalde y dos para los visitantes. El alcalde me sonríe y me indica que tome asiento. Le doy las gracias y me siento.
– Me alegro que te hayas recuperado, ese idiota te lanzo esa flecha sin mi permiso. Por suerte, no te mató. ¿Ya te han contado lo que dicté?
– Sí señor, gracias por todo. Aún así, seguiré viviendo en el bosque, si no os molesta. Pero querría preguntarle si hay algún lugar donde pueda instalarme aquí en la ciudad, para que, si algún ciudadano me necesitara, pueda ir allí.
– Sin problema, me alegra que tengas ganas de ayudar a los demás –dice sonriente–. Te puedo ofrecer un pequeño establecimiento que está cerca de la iglesia. Será como este despacho de grande… No es mucho que se diga… Pero ¿para qué más? ¿No? Te gustará. Está entre la taberna Redhouse y la sastrería. ¿Te orientas?
– Sí, gracias. ¿Cuánto debería pagar? –Aquí, en esta vida, nada es gratis.
– Nada, tan sólo querría que me hicieras un favor a cambio. Mi hija ha perdido a su gatito y está muy disgustada. Habla con ella y te dará más información. Con esto, considera pagado tu establecimiento. ¿Conforme con tu nuevo trabajo?
Sonrío, esto está genial, actividades variadas y que además servirán de ayuda a los habitantes del pueblo.
– Sí señor, muchísimas gracias, ahora mismo hablaré con su hija. Hoy mismo jugará con su gato antes de irse a dormir.

– Eso espero, mejórate pronto y ya informaré a los ciudadanos sobre tu ubicación.