¡Ha desaparecido! Voy a la
entrada de la cueva a asegurarme que no se había ido corriendo o volando
simplemente, pero al llegar a la entrada no está ni a lo lejos. Es cierto que ha desaparecido. Tras ella
ha dejado un extraño olor amargo, similar se podría decir al que dejan las
invocaciones cuando las despides. Estuve dando vueltas a la habitación un rato
preguntándome cómo ha logrado desaparecer. La chica volvió a aparecer de la
nada al poco tiempo, me sobresalté un poco (Vaaale lo reconozco, mucho) (… Lo
admito, pegué un brinco que casi me doy un coscorrón con el techo de la cueva)
Que queréis que os diga, entre que aparece de la nada y además que es… Es como
es, no es nada raro asustarse. Se acercó a mí.
– Dame un abrazo
¿Qué? ¡Me dijo eso sin más!
– ¿Pero qué? Oye, oye que ya no estoy deprimido, no hace falta.
– Tonto, no es por eso –¿Entonces
a qué viene?– Sólo es que tenemos que ir a la ciudad y no creo que quieras
ir por la calle como si nada. Creen que te he matado porque ayer el Alcalde me
dio esa misión, y no voy a cumplirla. Voy a fallarle por primera vez –Bueno mi superstición de que quería matarme
no era del todo errónea por lo que veo, pero he tenido suerte ya que no ha
hecho caso– Así que vamos a ir teletransportándonos, y para ello es mejor
que estés en contacto conmigo. Y cuanta más superficie menos energía gasto, así
de simple. Vamos no hace falta que lo pienses y ni se te ocurra separarte de mí.
Ahh… Con que era eso…
Teleportarse, de toda la vida… No, no me deja más tranquilo la verdad. Aunque la idea de teletransportamos
no me hace ni una pizca de gracia, pero no me queda otra opción. Me adelanto un
paso y me sitúo frente a ella. Me abraza con fuerza, me rodea además con la
cola y sus alas. Sin duda teme lo que
pueda pasar si me separo de ella en el momento crucial, yo prefiero ni
pensarlo, sin duda no es bueno por su comportamiento. Su piel no es normal, es
escamosa como la de las serpientes, esta chica es verdaderamente rara.
Entonces sentí una sensación rara, la tripa me dio un vuelco. Me mareé como
nunca lo había hecho en mi vida. Abrí los ojos y no vi nada salvo a ella, de
repente estamos en una habitación con una señora y un niño pequeño mirándonos,
no se habían alterado, sin duda parecían acostumbrados ya a esta visión. La
chica se separo de mí y yo me tambalee, entre ahora estar sin algo firme aferrándome,
y estar mareado caí al suelo de culo. El niño se rió.
– Jajaja, el chico se ha caído, jaja. Cuando Ner hizo eso
conmigo ni me mareé. Jaja, es un flojucho.
No pude enojarme porque todavía no había
asentado la cabeza, para mí el niño está hablando desde el techo.
– Jeremiah, no seas malo – Le reprochó su madre– Anda vete a tu
cuarto, voy a hablar con Ner y este chico.
–Vaaale –Contestó obediente pero desganado.
Dicho eso el chico se fue y subió unas escaleras y nos quedamos
los tres solos en la habitación. Entonces la mujer empezó a cerrar ventanas y puertas
una por una. Cuando acabó, habló.
– Ner ¿Serías tan amable? No veo nada –No sé a qué se refiere…
– Claro.
No sé que pasa, pero de repente una bola de fuego azul claro,
casi plateado iluminó la habitación. La pequeña bolita estaba sobre la palma de
Ner. Aunque ahora que lo pienso no es tan pequeña, es como mi puño.
– Hola Lan, encantada soy Yian, ex-alumna de un gran mago.
Espero poder ayudarte.
– Encantado, por lo que veo Ner ya le ha dicho mi nombre.
– Sí, pero no sé mucho de ti. No ha querido decirme más porque
dice que eso ya es personal.
No quiero tener que volver a relatar como he matado a mi
maestro, agacho la cabeza y mis ojos quedan tapados por mi mata de pelo ahora
plateada. Parece ser que Yian se da cuenta que no me es cómodo hablar del tema.
– No me interesa tu historia, sólo quiero saber tus habilidades.
– Sí, claro –Le fui relatando todo lo que sé hacer– Soy
estudiante de Invocador. Nivel mMaestro. Y desde hace un mes aproximado… también
soy hombre lobo
– ¿No has notado nada raro desde entonces? –Esto parece un interrogatorio.
– No sé… ¿A qué se refiere?
– Me refiero que por ejemplo Ner, desde su diecisieteavo
cumpleaños, que fue la anterior luna llena –¡El
mismo día de mi cumpleaños!, que casualidad– La empezaron a crecer las alas
y la cola, cambió su tono de pelo y piel y se teleportó por primera vez
– Ahora que lo pienso, también desde hace dos lunas cumplí los diecisiete,
y me convertí en hombre lobo. Mi pelo también ha cambiado, antes era castaño.
Mis sentidos, creo, que se han agudizado. Pero no me he dado cuenta de nada
más.
– Muy bien, interesante –Se giró a donde estaba Ner apoyada en
la pared sin decir palabra desde hace un rato– Ner enfócame la biblioteca.
Utiliza esto como un entrenamiento, intenta mantener la intensidad de la llama.
–Sí, señora –Dijo con voz
respetuosa.
La llama se transportó poco a poco hasta una estantería en la
que no había reparado. Yian se aproximó a ella y sacó varios libros, detrás de
estos había uno mucho más gordo y antiguo. Lo puso sobre la mesa y comenzó a
mirar las paginas y musitar palabras por lo bajo. No sé a dónde nos llevará esto… Entonces alzó su mirada hacía mí.
Sonrió y volvió a posarla en el libro. Me inquieté un poco, no me gusta que me
analicen. Volvió a mirarme y habló.
– No hay duda, Ner ha acertado, has de ser uno de los Elegidos.
Primero se te nota en la mirada y el pelo. Además de tus habilidades para la invocación…
Y el que eres un hombre lobo.
– ¿Pero eso qué tiene que ver? Me refiero, lo de que sea un
hombre lobo.
– Déjame acabar. Creo que Ner te mencionó que los Elegidos eran
semihumanos, unos tienen el espíritu no humano desde que nacen pero está dormido,
el caso de Ner. En otros, como tú, necesitan un aliciente para despertar. En tu
caso, el ser mordido por Fenrir hizo despertar a tu Lobo interior. Está escrito
en el destino. Era tu destino ser un
hombre lobo.
– ¿Mi destino? Yo no creo eso… –Dije, pero ahora ya no sé en que
creer– Al menos por ahora
– Querido ¿No crees que es mucha casualidad que vinieras a esta
ciudad, que el Alcalde te mandara asesinar por Ner y que ella te encontrara
enfrente a su cueva? Yo no creo en las casualidades pero sí en el destino. Pero
dejemos eso a parte. Según he leído aquí, el Lobo es uno de los espíritus de la
luz, aunque no lo parezca, es de la luz, vida y naturaleza. Por eso tu
habilidad de invocar a seres naturales. Y si te entrenas según pone aquí
posiblemente desarrolles otras habilidades relacionadas con esos temas. Lo que
tú tienes no es una maldición sino una bendición de los dioses –Y una porra.
– Pero una vez al mes soy una bestia –Esto no es tan bueno como ella lo pinta.
– No si la controlas. Si la controlases la podrías hacer aflorar
a placer. Menos las noches de luna llena, que te seguirás trasformando en lobo,
pero tú controlarías la situación, no la bestia.
– Pero soy un monstruo, la sociedad quiere matarme. No soy
humano.
Ner, salió de su tranquilo silencio y se dirigió a mí algo
alterada. No me había dado cuenta pero cada una de mis palabras le hacía
apretar el puño cada vez un poco más.
– ¿Y tú te quejas? Yo soy un monstruo siempre, de día y de noche,
luna llena o lo que sea. No tengo apariencia humana. Tú al menos todos los días
eres consciente que, si la gente no conoce tu condición, puedes vivir tranquilo
y en paz. Pero yo lo más que puedo hacer es ocultarme bajo capas. Incluso aquí,
que el Alcalde y algunos vecinos me protegen y tienen cariño, más de una vez me
he visto despreciada de muchas formas. Si aprendes a controlar al lobo que hay
dentro de ti, llegaras a ser una persona normal. Yo a lo más que puedo aspirar
es que nadie mire lo que hay debajo de la capa y el sombrero de ala ancha.
Parecía agotada, a punto de llorar. No me lo podía creer, parecía
una chica fuerte, imposible de lograr que derrumbarse, como una torre. Tiene razón, no tengo derecho a quejarme en
comparación con ella. Esas palabras me habían calado hondo. Quise
disculparme por mi actitud, pero ella se me adelantó.
– Yian, me voy, cuando me necesitéis enviarme a Jeremiah. Sabe
donde estaré. Adiós.
Dicho esto desapareció. Y con ella la luz. Oí a Yian suspirar,
andar y coger algo. En unos instantes ya había encendido un pequeño candelabro.
– Lo siento. Parece que la he ofendido –Intenté disculparme. Como si eso fuera a servir ahora.
– No te preocupes, lo que Ner ha pasado en la vida ha sido duro.
-
¿Qué le ha pasado?
Comenzó a relatarme su historia:
<< Cuando era pequeña vivía con un padre adoptivo, es
huérfana. Aprendió el arte de la espada, la lucha con todo tipo de armas y sin
ellas al mismo tiempo que aprendía a leer y lo propio de los niños. Pero cuando
cumplió los catorce ya parecía una mujer hecha y derecha. No está bien visto
ser una guerrera y su padre la echó de las clases que él mismo impartía. Hubo
una pelea familiar y ella acabó viviendo en el bosque sin hablar más de lo
necesario con quien había sido su padre. Desde entonces se ha propuesto cambiar
esa forma de ver el mundo a las mujeres. El día que cumplió los diecisiete salvó
a mi hijo teleportándose. Acabó enterándose todo el pueblo y casi muere por
culpa de un cazarecompensas. El Alcalde la ofreció trabajo y se dedica a hacer
encargos. Al mismo tiempo, ella ha seguido cambiando hasta donde la ves, que ya
no parece de este mundo. La gente del pueblo ha empezado a desconfiar de ella,
los niños huyen de ella porque sus padres decían que era un monstruo y no era
humana. Oye a gente que planea matarla, pero no puede hacer nada. Incluso ha
visto a mi hijo volver a casa lleno de heridas de otros niños cuando él la
defendía. Está muy mal aunque no lo parezca, lo pasa fatal. Pero sigue luchando
para cumplir su sueño, y así demostrar que puede ser útil a los además, a pesar
de no ser del todo humana y ser mujer. Se entrena a fondo siempre que puede. El
último recado fue matarte a ti. Un recado directo del Alcalde. Pero no te ha
matado, todavía no es capaz de matar a alguien, parece mayor pero sólo es una
chica asustada. Nadie se da cuenta de ello>>
Es cierto, pobre Ner. Por ello le ayudaré en lo que pueda con todas mis fuerzas, lucharé
contra la bestia por ella y en honor a Siong. Primero he de enterarme de algo más sobre nosotros.
– ¿Cómo sabe usted tanto? –Le pregunté a Yian.
– Fui aprendiz de un gran mago que habita en las montañas. Me
enseñó mucho. Este libro es lo único que conservo de esos días.
– ¿Cómo podría…? Eh –Busqué las mejores palabras para
expresarme– … ¿Aprender a usar mis poderes? ¿Cómo sé cuales pueden ser?
– Mira, haremos una prueba simple. Por lo que sé de los invocadores,
si queréis invocar a una criatura necesitáis preparativos, velas y cosas de
esas ¿No es así?
– Sí, así es –Le asentí, está en lo cierto.
– Muy bien, pues estoy segura que podrías invocar criaturas sin
necesidad de esos preparativos.
– ¡Eso es imposible! Lo saben los niños que acaban de llegar a
la escuela que es imposible invocar a cualquier ser, por pequeño que sea, sin
realizar los preparativos previos.
– Inténtalo –Me animó– Hazlo igual que si tuvieras todos los
materiales y preparativos que quieras.
– Está bien… –Asentí finalmente, aunque sé que no pasará nada– No
creo que pueda funcionar pero vale. ¿Qué he de invocar?
– Pues cualquier cosa, sólo te pido que no sea muy grande por el
tema del espacio aquí adentro – Dijo sonriente.
No creo que funcione,
pero no pierdo nada y además he de hacerlo por mucha gente. Decido invocar a un
ciplop, un pequeño roedor de larga cola y alado. Su cuerpo es del tamaño de un
puño, así que el tema del espacio no será un problema. Se usa para transmitir
mensajes y de compañía de algunos invocadores. Suelen ser de un color dorado,
aunque he llegado a ver alguno cobrizo. Alzo mi mano, me concentro e intento
llevar energía a ella. Comienzo a recitar el conjuro, palabras en arcano que
invocan a la criatura, pidiendo que un ciplop acuda a mi llamada. Siento el
desgaste de energía típica de las invocaciones pero más fuerte que otras veces.
En mi mano se empieza a formar una niebla de color ocre o dorado. Entonces de
entre la niebla aparece un pequeño hocico de ciplop. Lo miro con los ojos
desorbitados ¿Pero cómo demonios…? Parece
que esta mujer tenía razón. El ratón mira a su alrededor memorizando lo que
ve, con curiosidad. Su nariz no para quieta, aspira el aire de todas las direcciones
para captar olores… Pero se detiene un instante cuando me ve. Me mira esperando
que le diga algo.
– He acudido a su llamada, señor amo –Dijo una voz proveniente
de la criatura– ¿Qué puedo hacer por usted?
No podía salir de mi asombro. Las criaturas no hablaban, era la
primera vez que entendía a una. ¿Sería
uno de los cambios mencionados antes? Le miré con los ojos desorbitados.
– Amo ¿Está usted bien? ¿Le ha pasado algo en los ojos? –Me
pregunta inocente mientras gira la cabeza.
– Sí, claro, estoy bien. Gracias por acudir –Hay que ser agradecidos lo primero– ¿Eres
tú el que habla?
Pareció un poco sorprendido.
– ¿Me está entendiendo? Es el primero que lo logra, el resto de
los humanos sólo cree que emitimos gruñidos y sonidos chirriantes y usted lo ha
entendido. Aunque ahora que lo miro bien… No es humano, al menos del todo ¿Me
equivoco? Esos ojos… Eres el Hijo del Lobo ¿No es cierto, amo?
– ¿Cómo puedes saber eso? –Este bicho no hace más que
asombrarme.
– Nosotros, los ciplop somos muy sabios, pero vosotros no lo sabéis
porque no nos entendéis. Sólo nos usáis de meros mensajeros.
– Lo sentimos… Hablo en nombre de mis compañeros y mío –La
verdad es que me avergüenzo un poco, es cierto usamos de mensajeros a animales
que por lo que acabo de ver son inteligentísimos.
– No importa, nos aburre estar todo el día sin hacer nada. Bueno
sólo a mí, soy Lowin, decidí acudir a tu llamada porque me encanta ver este
mundo. Es muy bonito ¿Lo sabéis? Sin duda no, no sabéis valorar muchas cosas.
– Encantado Lowin, gracias por venir. Puedes marchar cuando
desees. Encantado de conocerte.
– ¡No espera! –Me sobresalté– ¡No me despidas! ¿No pretenderás
que me vaya así como así sin hacer nada? ¿No tienes ningún mensaje? ¿Nada? ¿No
hay nada que pueda hacer? –Me preguntó desesperado.
– Me temo que no –Es
verdad… No tengo nada para él, espero que no se lo tome a mal.
– Me has dicho que me vaya cuando deseé… –Esto me da mal rollo– Pues deseo quedarme con usted. Le vendré bien
de ayuda, usted es joven e inexperto. Le acompañaré, un poco de ayuda adulta y
sensata no le vendrá mal.
– ¿Pero…? ¿Pero que dices? ¿Cuántos años tienes para
considerarte adulto?
– Um… Unos ochentaitres, soy joven para los ciplop, pero si no
me equivoco para vos es bastante por lo que sé –Asombroso– Y por… La expresión de su rostro. Además no le molestaré
amo, no pediré comida ni nada. Sólo necesito ver mundo a cambio de mis
conocimientos.
– Bueno, está bien –El ratoncillo, vamos, Lowin me sonrió, o al
menos yo supuse que era eso– Pero tendrás que tener cuidado, no creo que
nuestra vida vaya a ser un camino de rosas.
– Sí señor, gracias por todo.
Yian había observado la escena sonriente.
– ¿Ya acabasteis? Ves como sí que podías, te lo dije. Y parece
que ese ciplop se ha encariñado contigo.
Cierto, nada más acabar la conversación se acomodó sobre mi
cabeza. Con las alas plegadas y su larga cola enroscada en mi cuello.
– Por hoy ya está bien, enviaré a Jeremiah para que busqué a
Ner. En estos días que vienen vendrás aquí a entrenarte en lo que Ner hace los
recados que la encomienden –No era una idea, era una orden. Asentí. No me queda
otra opción– ¡Jeremiah! Baja. Ve a buscar a Ner.
Hace un rato que ese chiquillo salió corriendo por la puerta,
desde entonces sólo he hecho una cosa, además de hablar con Lowin y dejar
ciertas normas claras, quien manda y todo eso. He aprendido a crear bolas de
energía. Es lo mismo que usé el otro día contra Lobo pero en la vida real. La
bolita que creé era pequeña y poco uniforme, se expandía y se volvía a contraer
constantemente. Además no era completamente esférica, tenía protuberancias.
Yian me ha explicado que con el tiempo eso lo iré mejorando. También me ha
explicado que esas bolas de energía son del mismo funcionamiento que las de
fuego de Ner, ambos debemos de seguir practicando.
Pero lo que más me ha asombrado ha sido ver al pequeño Lowin
sobre el gran libro de Yian, leyéndolo con voracidad y comentándome los fallos
que había. Yo se los decía luego a Yian. La
verdad es que ese ratoncillo es más listo de lo que creía. Espero que sea igual
de bueno como compañero de viaje.
Ha pasado mucho tiempo desde que Jeremiah se fue. Su madre
parece inquieta. No para de dar vueltas ¿Qué
ha podido pasar? ¿Suele tardar tanto? No quiero hablar, pero Lowin lo hace
por mí. Habla desde encima de mi cabeza, como ya parece haberse acomodado, y yo
no se lo impido.
– Hey, Lan ¿Qué pasa? El ambiente está muy tenso –Ya me dejó de
llamar señor, o amo. Fue, más o menos, desde que se acomodó en mi cabeza y me
convertí en un sofá con patas para él, desde entonces no me trata de usted.
– No lo sé… Yian ¿Es normal que tarden tanto? –Pregunté, ella me
negó con la cabeza.
– No, no lo es. Me estoy preocupando. Podrías ir a buscarles –Como
de costumbre es una orden, no un ruego– Yo me quedaré aquí, por si vienen.
– ¿Dónde están? –Por saber
donde he de empezar a buscar.
– Estarán en el bosque, en la cueva que hay al norte, vamos la
cueva de Ner –Los nervios no le dejaban explicarse bien– Ya has estado allí
¿No? Si no están allí búscales y tráeles de vuelta, no estarán muy lejos de esa
zona. Ten cuidado. Si vienen aquí, lo sabrás. No te preocupes, ya iría ella
buscarte. Volando no tardaría mucho en verte. Corre, ve.
Lowin, que pareció enterarse de todo, apretó más su cola contra
mi cuello. Cogí una capa negra que me tendió Yian y me puse la capucha. Por
suerte la capucha es grande y me la he podido colocar de tal forma que ocultase
mi pelo, parte de mi cara y a Lowin. Hecho esto salí corriendo en dirección al
bosque. Espero que nadie me reconozca.

