Llevo varios días ya exiliado. No sé a dónde ir, tengo miedo. No
sólo porque desean mi muerte, sino porque estoy cambiando, y no hablo de crecer
un par de centímetros. Estoy intentando ir a una ciudad cercana, creo que se
llama Wadelvar, que por lo que sé está siguiendo el río. Eso me da oportunidad
para todas las mañanas mirar mi reflejo, y con ello, observar mis cambios. Mis
ojos no han cambiando, tal vez se han vuelto más verdosos que marrones pero no
mucho. Sólo ha cambiado mi pelo. La raíz sigue siendo marrón, pero las puntas
son plateadas, canosas brillantes si lo preferís. ¿Por qué esta pasándome esto? Estoy seguro que desde lejos parece que
tengo el pelo plateado. Pero ojala esta fuera mi única preocupación, tengo
varias por orden de importancia: Primero, sé que estoy siendo perseguido por
varios caza recompensas, ya que han puesto precio a mi cabeza. Es poca pero
suficiente para tentar a más de uno. Cien lodes, de media un jornalero gana al
día medio así que haceros idea. Además supuestamente soy un jovencillo
indefenso menos las noches de luna llena ¿Qué como me he enterado de eso? Muy
simple cuando uno de ellos dormía le robé el papel donde lo ponía, sólo lo ví y
luego ya lo deje en su sitio; Segundo, en mi vida he sabido valerme solo, no
consigo comida apenas, sólo frutas y algún pescado que pesco en el riachuelo.
La carne es un plato casi imposible de conseguir. Diréis que por qué no invoco
algo para que cace por mí ¿No? Pues no puedo: Gastaría mucha energía y tampoco tengo
mucho tiempo para preparar una invocación entera. Además a los seres sólo hay
que invocarlos con razones, sino no vuelven a responder a tu llamada. Incluso
estuve obligado a vender mi flauta a un vendedor ambulante a cambio de comida y
algunas cosas necesarias para lograr pescar algo; Problema tercero, no tengo
dinero y no sé quien empleará un fugitivo que sale en un montanazo de
cartelitos con recompensas sobre mi cabeza. Espero que en Wadelvar no sepan aún
de los problemas de la Torre de Invocadores, o al menos ésa es mi esperanza,
sino tendré que seguir mi camino como vengo haciendo desde ahora.
Wadelvar está más lejos de lo que me habían dicho, han pasado
más de tres semanas, y no falta mucho para mi primera luna llena como hombre lobo…
No sé qué pasará. Entonces veo algo en el horizonte, parece la torre de una
iglesia. Dicen que las iglesias tienen
las torres altas para orientar a los peregrinos hasta ellas. Primero me
alegro, por fin me acerco a mi destino final. Pero me doy cuenta de algo. Creo que mañana es luna llena, si me acerco
más a la ciudad puede que sea un peligro para sus habitantes. No lo pienso
más y sigo andando. No sé lo que haré… Cae
la noche. Me dispongo a comer algo de fruta y bayas que he ido almacenando en
mi viaje. No tengo más comida para cenar esta vez. Ceno en silencio, extiendo
mi capa para protegerme del duro suelo y hago una bola con mi mochila como
almohada, esta es mi cama todos estos días. No me podré quejar, pero se podría
mejorar, claro está. Buenas noches.
Ya ha amanecido y es un día claro. Voy a sacar mi “caña”:
conjunto de juncos con una cuerda y una aguja (Algunas de las cosas que me
dieron a cambio de mi querida flauta) Me dispongo a pescar el desayuno y la
comida. Tarda como cuarto de hora en picar algo, pero por suerte parece una
carpa de gran tamaño, lo suficiente para desayunar y luego comer. Saco la yesca
e intento hacer un fuego, ya he cogido práctica y al poco ya tengo una pequeña
hoguera. Los primeros días tardaba casi horas para sacar una triste chispa.
Guardo la mitad del pescado en un trozo de cuero y lo meto en la mochila. El
otro lo frío sobre una piedra grande y plana que encontré un día. Tras
desayunar el pescado y alguna fruta silvestre y recoger todo vuelvo a emprender
mi marcha. Ya apenas me canso aunque ande durante horas, mis pies ya se han
acostumbrado y mis piernas se han fortalecido (Ahora dudo que sea un muchacho
tan escuchimizado como antes).
Al medio día ya se distinguía perfectamente la ciudad. Paré bajo
un árbol y comencé a cocinar y comer el pescado sobrante de esta mañana, que
con el hambre que tengo siempre me sabe a gloria. Pero aún así hecho de menos
la escuela, no sólo la comida, el lugar, mi habitación, la gente…No quiero
pensar en ello, que sino me deprimo y no es bueno. Caminé después de comer sólo
un poco, pero no me quise acercar más a la ciudad ya que sino esta noche podría
causar estragos en ella y yo intentaré que no sea así. Me senté bajo un árbol,
cercano al río, detrás mío hay una cueva de animales. Pero prefiero quedarme
fuera para ver las estrellas antes de que me transforme, a ver si con ello me
relajo un poco. Está anocheciendo, no sé
qué hacer. Podría invocar algo que me controlase, pero yo creo que nada podría
controlarme dadas las circunstancias de que no tengo materiales para realizar
grandes invocaciones y de que seré un lobo extraordinariamente fuerte. Atarme a
un árbol no tengo con qué… Sólo me queda luchar contra la bestia. Hay quien
dice que algún hombre lobo consigue controlar a su bestia interior y usar ese
poder en su beneficio, es mi única esperanza.
Ya ha anochecido, la luna llena se empieza a dejar ver. Me
empiezo a inquietar, no puedo parar quieto, algo está dando vueltas dentro de
mi cuerpo. Sé lo que es, pero prefiero hacer como si no. Entonces un rayo de
luna cae sobre mí, entonces ese algo se centra en mi cabeza, en mi conciencia.
De repente en una fugaz imagen veo los ojos de Fenrir, esos ojos amarillos que
salen en mis pesadillas todas las noches. Me llevé las manos a la cabeza y
grité de terror. No, para bestia, no te
dejaré. Una voz en mi interior me contestó. O, sí, sí que lo harás, humano.
– NOOO –Grité, yo creo que toda la ciudad se enteró de mi grito.
Pero no me importaba. Me empezó a picar todo el cuerpo y a dolerme el final de
la espalda, la rabadilla. Me mire las manos y vi horrorizado como les crecían
un pelo plateado. No podía hacer nada por evitarlo. Me dolía todo el cuerpo, no
tarde en caer de rodillas del dolor. Lanzaba pequeños grititos de agonía, de
dolor físico y mental. Entonces, en vez de gritar comencé a aullar. Mi mente se
empezó a nublar, sólo llegue a ver una extraña silueta, parecida a la de un
demonio con alas y cola, y me desvanecí.
Sentí mi cuerpo en la nada, en un mundo negro. No había nada, ni
suelo ni cielo, era la nada literal. Entonces de la nada apareció poco a poco
Fenrir, primero se presentó como un fantasma difuso, luego como una silueta
definida. Pero era distinto a la última vez, aunque ahora empiezo a dudar que
sea el propio Fenrir. Éste es más pequeño y con pelo plateado en vez de marrón
negruzco. Sus ojos, además, no eran amarillos. ¡Eran como los míos! Eso
significaba que estaba contra la bestia de mi interior, luchando por el uso de
la razón como trofeo. Un trofeo que estaba obligado a ganar.
– Hola, pequeño humano, que sepas que tu cuerpo es mío todas las
noches de luna llena, lo quieras o no –No preguntaba, ni intentaba llegar a un
acuerdo. Imponía sus normas. Mostró lo que se asemejaría a una sonrisa pero que
no se parecía en nada a ésta. Mostraba todos los colmillos, sentí miedo, pero
lo deje de lado. Prometí que lucharía contra esta bestia, y lo haré. Sacaré las
fuerzas de donde sea.
– Ni lo sueñes lobito de pacotilla, no te será tan fácil –Intenté
mostrarme firme, pero interiormente temblaba como un flan.
El lobo primero se impresionó pero luego lanzó unos pequeños aullidos,
semejantes a una risa (Si a esos sonidos que pueden ponerte la carne de gallina
se les puede llamar risa)
– El cachorro se hace el gallito… Jeje, que gracioso… Pues yo a
los gallitos me los como, humano. Ya basta de cháchara, muéstrame lo que
tienes, si es que tienes algo más que plumas.
Entonces se lanzó hacía mí al igual que hizo Fenrir hace casi un
mes. Entonces comprendí que tenía que hacer algo. Recurrí a unas invocaciones
especiales. A ver, que me explique, lo que hacemos es que invocamos a los seres
para que nos presten su poder unos instantes. No es necesaria preparación
previa pero los efectos son de corto plazo e instantáneos. Además el aporte de
energía que debes usar es mayor ya que no te ayudas de runas ni nada, lo creas
de la nada.
– Hechizo de invocación elemental, llama del fénix (Traducción
del arcano)
De mis dedos salieron unas lenguas de fuego, que en cierta
manera me recuerdan a plumas. Se dirigieron a donde estaba el lobo y atacaron
por todos sus flancos. Creo que le dí de
lleno. Pero Lobo salió de la humareda con un salto, me pilló desprevenido y
no lo pude evitar. Me mordió el brazo derecho. Grité. El lobo saltó hacía
atrás. Tenía varias quemaduras y sitios sin pelo, o con un poco pero chamuscado.
Yo tenía el brazo derecho ensangrentado. Se podría decir que estábamos empate.
– No está mal humano, pero no podrás hacer nada ahora.
Agacho la cabeza y todos los músculos se le pusieron en tensión.
Si no hubiera sido por este contexto sin duda habría sido una bella imagen. Entonces
empezó a brillar en un tono verdoso claro y aulló con todas sus fuerzas. Esa
aura no hacía más que expandirse, y no creo que eso sea bueno. Intenté hacer lo
mismo. Siong nos explico por encima lo que era eso: Eso es concentrar nuestra
fuerza del alma, magia o como lo quisiéramos llamar, y sacarla fuera para
moldearla. Lo hice, y vi como empezaba a brillar de un verde claro y brillante,
muy parecido al del lobo (Al fin y al
cabo somos el mismo ser) El lobo abrió las fauces y esa aura se fue
concentrando en su boca, formando una esfera verde clara y, no sé que me da,
mortal. Yo le imité; junte las manos como haciendo un recipiente apuntando
hacia él. Comencé a concentrarlo. Mi masa de energía era menos uniforme que la
del lobo, al fin y al cabo es la primera vez que hago esto. Ambos estuvimos así
un rato, concentrando la energía, pero no podíamos estar así mucho porque es
muy fatigado, ya que eso es concentrar nuestra propia energía. Él fue quien
hizo intención de atacar antes, cerró la boca, alzó la cabeza hacia atrás, la
dio impulso y la lanzó contra mí. Yo lancé la mía como si fuera una pelota de
trapo. La suya fue una esfera perfecta, la mía era una estela. Su empiece chocó
con la bola de energía del lobo y ambas se detuvieron mutuamente, seguí
aportando energía a través de la cola de la estela para fortalecerla, pero sólo
mantenía la otra, no conseguía ni destruirla ni traspasarla. Finalmente hubo
una explosión y las dos desaparecieron.
– Bravo cachorro –Dijo una voz a mis espaldas, me giré alertado.
Pero Lobo estaba sentado y mirándome pasivamente, jadeando. Sin duda a él tampoco tiene una energía
infinita– No me has decepcionado. Mi tiempo esta noche ha acabado. Por
ahora ambos tenemos posibilidades de tener el control en estas noches. La
próxima vez no te lo dejaré tan fácil, cuenta con eso. Ahora he de marcharme,
esto cuenta como un empate. Pero no volverá a pasar cachorro. Adiós.
Y desapareció como había aparecido, difuminándose su silueta
poco a poco. Yo caí al suelo de la nada, y ahí me quede, agotado, no me moví y
finalmente, me dormí.

No hay comentarios:
Publicar un comentario