domingo, 23 de noviembre de 2014

X MUCHO QUE CONTAR

He cazado una liebre grande, nos servirá para desayunar a los dos. Cazar es fácil con mis habilidades, ahora mi teletransporte es más rápido y me cansa menos, no me fatiga tanto como las primeras veces. Ahora puedo recorrer más distancias y mi cuerpo ya se ha acostumbrado perfectamente a esto. Me he entrenado a conciencia este mes. Algún día lo necesitaría, algo me lo dice. Además así me mantengo en forma. Para los entrenamientos pedía ayuda a Jeremiah, a cambio le pagaba medio lode, que la verdad que ahora que trabajo todos los días, casi todos los días sí que tengo algún recadillo, el dinero me sobra un poco. El niño disfruta y a mí me hace un favor. Les debo mucho a él y a su madre. Además gracias a Yian he aprendido mas cosas de mí y del resto de los Elegidos, y creo que ese chico puede ser uno de ellos. Algo dentro de mí me lo dice, me da esa impresión, el pelo plateado como el mío, los ojos… Volví a la cueva volando, literalmente. Estas alas me encantan. No sabéis lo bien que sienta un paseíto a la luz de la luna, de noche haciendo piruetas y caídas libres, es lo mejor, os lo recomiendo. Además, como ahora duermo sólo unas cuatro horas me da tiempo para darme paseitos nocturnos siempre que quiera (Será cosa de estos cambios que estoy sufriendo, ahora como más y duermo menos) Me posé a la entrada y plegué mis enormes alas. No vi al chico. Ay madre… Esto no me gusta. Es un problema, sobretodo para él. No le conviene irse por ahí el solo, considerando que está siendo buscado. Me adentré en la cueva en sí.
– ¿Hola? ¿Dónde estás? Te dije que esperaras –Le dije con esperanzas de que me contestara desde algún rincón de la cueva.
Oí un ruido detrás de mí, me giré y le vi con una de mis dagas. Pensaba matarme, o al menos herirme, a pesar de haberle salvado. Qué poco agradecido, muy descortés por su parte intentar matar a alguien que le quería ayudar. Qué se le va a hacer la juventud de hoy en día se va de las manos. No me importa mucho, casi me alegro de lo que hace, hacia tiempo que no mantenía una riña armada con alguien y lo echaba de menos, no me miréis mal, comprendedme. Llevo perdidos tres torneillos sin poder participar. Además en el cartelito pone que es peligroso, a lo mejor me da juego. Me teletransporté detrás de él. Con un brazo le rodeé el cuello y le presioné contra mí. Con la otra mano le agarré el brazo armado. Con una pierna presioné detrás de la rodillas lo que le hizo caer sobre mí y ambos sobre el suelo, tal y como había previsto, al contrario que él. Él parecía asombrado, sin duda creía que con el factor sorpresa se puede luchar en igualdad contra mí, pero va a ser que no. Que decepción, uno no se puede fiar de las promesas de los carteles. Posé la punta de mi cola en su cuello, él se intenta retirar un poco, pero llega un momento en el que no puede retirarse más. Cuando se vio “entre la espada y la pared” tragó saliva… Pero no hizo más, estaba asustado.
– ¡Querías venderme y cobrar la recompensa! Eres una asesina despiadada…– Bla, bla, bla. Puse los ojos en blanco, parecía que no iba a callar. Entonces paró, así de repente. No he hecho nada, no creáis que le haya cortado en el cuello sin querer, no soy tan mala. Empieza a balbucear algo, parece realmente aterrado– Encima hay algo que no me cuadra –Comenzó– Un brazo está en mi cuello, el otro sujetando mi mano derecha. ¿Qué… Qué es lo que está en mi cuello?
– Mmm… –Parecía que no lo veía bien, y como decirlo… ¡Va! Hay que ser honestos en la vida– Mi cola, jeje. Tranquilo como te prometí no te haré daño. ¿Vale? Para que veas, voy a retirar mi cola de tu cuello y la acercaré a tu mano derecha para que me devuelvas mi daga. Luego te soltaré y hablaremos en lo que desayunamos ¿Vale?
No le queda otra opción, espero que lo comprenda, porque no le quiero hacer daño. Me cae bien este chico, tiene agallas como para haberme intentado hacer frente. Pero no es estúpido y sabe que ahora él está en desventaja. En mucha desventaja.
– … –Suspiró– No me queda opción, está bien.
– Muy inteligente por tu parte.
Retiré mi cola y, tal como prometí, la llevé a su brazo, el abrió los ojos desorbitadamente cuando vio la cola. Cuando acaricié su mano se estremeció, mi piel ahora es ligeramente escamosa. Enrosqué mi cola en torno a la daga, y él la soltó. Le solté poco a poco para no asustarle y ambos nos levantamos. Cogí mis cinturones y coloque la daga en su lugar y me puse el cinturón, no quería más incidentes.
– ¿Cómo… Apareciste junto a mí? ¿Por qué eres así?
– Tranquilo dale tiempo al tiempo. Te lo explicaré mientras comemos.
El vio la liebre y se le hizo la boca agua y asintió. Comencé a despellejar a la libre con cuidado bajo su atenta mirada, analizándome a mí y a mis movimientos. En cierta manera recordaba a un niño cuando ve a un animal extraño que no había visto en la vida.

El desayuno ya está preparado, sólo queda encender la hoguera y calentarlo. Junté unos leños pequeños. Por primera vez en bastante tiempo mi compañero hablo.
– ¿Quieres que encienda la hoguera? Ya le he cogido práctica –Dijo intentando colaborar, pareciendo orgulloso de poder encender el fuego en poco tiempo.
– No, no hace falta. Gracias –Me tendió su yesca, algo decepcionado por sentirse inútil– No tampoco me hace falta eso, gracias de nuevo.
Me miro con asombro, sonreí.
– Esta habilidad la aprendí hace no mucho gracias a una amiga de la ciudad que nos podrá ayudar.
Acerqué una mano a los leños. Me concentré y de mi palma brotó una pequeña chispa azulada. Me ha costado mucho aprender esto y controlarlo, sólo consigo pequeñas bolitas de fuego como mucho. Espero seguir aprendiendo y poder hacerlas mas grandes. Aún que fuera sólo una pequeña chispita el chico me miro con asombro, bueno cada vez con más asombro.
– ¿Cómo lo has hecho? ¿Eres maga? No has hecho invocación alguna… –Me preguntó, intentando obtener una razón lógica del hecho.
– Tranquilo, todo a su tiempo –No hace más que preguntas, pero lo hace con buena intención.
Me cae bien este chico.

Apagué el fuego acercando la mano a él. En el ambiente ya huele que alimenta. El chico me miró, como preguntándome si podría comer. ¿Qué se cree? ¿Qué no le voy a dejar comer? Oye, que no soy tan mala como para ponerme a comer delante de sus narices sabiendo que él tiene mucha hambre también. Sonreí.
– Puedes comer, pero ten cuidado que aún quemará.
Le tendí un bol de madera y un tenedor. Me miró y casi llorando se sirvió un poco, sin querer abusar.
– Gracias –Dijo tan sólo, pero agradeciéndolo de verdad.
– Es un placer, pero para otra vez no me des la bienvenida con una daga ¿Eh?
Sonrió, por primera vez en un tiempo creo. A acto seguido empezó a comer saboreándolo bien.
Nos acabamos el puchero entero entre los dos, me comentó que llevaba mucho tiempo sin probar la carne y sin comer bien. Parecía feliz de haber comido y de algo más… Entonces habló más seriamente.
– Gracias por la comida, eres la primera persona que se preocupa por mí y no intenta herirme o algo de por el estilo en mucho tiempo. Gracias de nuevo y perdona lo de antes ¿Me podrías explicar ahora todo lo que antes decías? –No se le había olvidado aún. Tan sólo había esperado el momento idóneo para preguntar.
– Claro, aunque es un poco largo… Y es mejor que te lo explique otra persona. Pero te iré introduciendo –Me puse seria, esto es algo muy importante– Atiende bien, no quiero gastar saliva innecesariamente.
<< Me han contado que hay unos seres que velan por el equilibrio y la tranquilidad en este mundo, cuando se avecina una catástrofe envían a algunos espíritus de su especie a habitar dentro de un humano. Les otorgan ciertas habilidades especiales, pero al mismo tiempo les maldicen. Estos poderes son una bendición y una maldición al mismo tiempo, es un arma de doble filo. >>
<<Se distinguirán entre ellos, pero han de ayudarse y cooperar dejando a un lado sus diferencias como humanos y como seres especiales.>>
– Es una profecía muy antigua, no me acuerdo, ni me han podido enseñar, mucho más que esto –Dije encogiéndome de hombros– Por eso digo que es mejor que vayamos a ver a otra persona. Pero tranquilo, yo creo que tú eres uno de los Elegidos, es decir, que portan dentro de sí mismos a uno de esos espíritus. Tenemos que buscar al resto. Aunque antes de ir con esa persona te pediría que me contaras un poco de ti. Ni siquiera sé tu nombre. Yo me llamo Nerwana, pero llámame Ner –Le sonreí para que se sintiese un poco más cómodo.
– Ah, claro. Soy Lanwey, pero me suelen llamar Lan. Soy invocador, de los mejores suelen decir… Bueno, solía decir mi maestro.
Bajó la mirada y no le pude ver los ojos porque se los ocultó con el pelo medianamente largo que tenía. No supe que hacer, bueno la verdad es que a causa de mi escaso trato con las personas no sé lo que se hace en estos casos… Apoyé una mano en su hombro e intenté reconfortarle.
– Vamos, tranquilo, cuéntame lo que pasó y así lo arreglaremos juntos.
Lo dije con una voz que hacía mucho que no usaba, suave y tranquila. El empezó a hablar, me contó cosas sobre donde vivía, sus compañeros de clase, Nesliz y por último lo que le habían hecho, y lo que él había hecho.
– Llevo huyendo desde entonces, solo. Con la única compañía de los que me perseguían. Pero… ¿Qué he hecho yo para merecer esto? No he hecho nada malo. ¡Yo no he pedido esto!
Entonces se derrumbó. Le abracé, me dio mucha pena, todo lo que le había pasado. Y desde entonces nadie le había reconfortado, nunca ha podido desahogarse con nadie. Un abrazo amistoso le vendrá bien. Él lloró, pero no le detuve, le tape con mis alas como algunas aves hacen con sus crías en señal protectora. Espero que le reconforte todo esto. Al cabo de un rato dejo de llorar, retiré las alas y continuó hablando.
– Gracias, ya me he desahogado. Lo único que puedo hacer ahora es controlar esa bestia, y para ello será mejor que hable con esa persona que me mencionaste.
Me alegré de verle mejor. No sé por qué pero me preocupa mucho, a pesar de que apenas le conozco, siento que estamos muy unidos. Los dos somos diferentes.
– Claro, ahora vengo, he de avisar a esa persona. No nos podemos presentar así de repente.
Él asintió. Me teleporté, aparecí en casa de Yian. Ella cuando me vio no se asombró. Ya estaba acostumbrada a mis súbitas llegadas. Me habían preparado un espacio para que me teleportara allí, ya que si hubiera algo en mi lugar de destino podría ser peligroso.
– Buenos días Yian, hola Jeremiah– Saludé.
Jeremiah me vino a decir hola, e intentó cogerme la cola, yo la apartaba con cuidado de no cortarle, era un juego.
– Yian, el chico que el Alcalde me encargo que le matara resulta que es un Elegido, o eso creo. Está en mi casa esperando que regrese. Le he dicho que sería bueno que hablase contigo. ¿Quieres que le traiga ahora? ¿O no es buen momento?
– No, está bien, no tengo nada especial que hacer ahora. Tráele. Ven con él aquí directamente, no vayáis por la ciudad, sabes que para él no es seguro.
- Sí, claro. Ahora vuelvo.

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