Subo a
mi habitación mirando al suelo. La gente se aparta de mi camino, con miedo, y
cuchichean entre ellos. Algunos me miran con pena, otros con odio… Pero no me
importa: mi mundo se desmorona, y dentro de poco seré buscado como un criminal.
Cuando
llego a mi habitación cierro la puerta y empiezo a llorar. ¿Qué queréis que
haga? He matado a mi maestro, tendré que marcharme de mi hogar y decir adiós a
mi único tesoro, Nesliz. Soy un peligro para todos y puedo matar a aquel que se
me ponga por delante una noche de luna llena sin tan siquiera acordarme de
ello. ¿Merezco vivir así? Una voz en
mi interior, que se parece a la voz con la que hablé ayer por la noche a Fenris,
me contesta: “Sí que lo mereces, es así
porque el destino lo quiso. No es una maldición, sino una bendición, si domas a
la bestia de tu interior. Si lo haces, no serás un monstruo, sino alguien
especial y fuera de lo normal. Siong no murió intentando matarte, murió
intentando que controlaras a la bestia. Hazlo en su honor y no te rindas, en
memoria de Siong.” ¿Es eso cierto?
No lo sé, pero haré caso a la voz: viviré para ganarme el respeto del mundo y
controlar a esa bestia.
Preparo
mi mochila de piel con todo aquello que considero imprescindible: ropa, un par
de libros sobre invocaciones, mi flauta y mis guantes. No tengo más posesiones
que éstas. Los
guantes no los guardo, sino que me los pongo por primera vez en mucho tiempo. No quiero volver a ver estas manos hasta que
no consiga controlar a la bestia que vive en mi interior Me prometo a mí
mismo que no me los volveré a quitar hasta que lo logre.
Me coloco
la capa blanca de terciopelo, y un sombrero de color negro con una pluma
blanquecina. Por primera vez en un tiempo dejo que el pelo me tape los ojos: no
quiero darle la satisfacción a ninguno de los que me han hecho esto de verme
así, derrumbado. No quiero que nadie me
vea así, no quiero que me recuerden como un lobo que se va con el rabo entre
las piernas. Pueden haberme destrozado la vida, pero no voy a permitir que me
miren como a una bestia. Abro la puerta y, antes de volver a cerrarla, miro
por última vez mi habitación, mi hogar estos años. Me despido de ella en
silencio y cierro la puerta.
Comienzo
a descender las escaleras, sin prestar atención a las miradas y voces de mi
alrededor. No sé por qué la gente sabe lo
que me ha pasado. Por un instante pienso que simplemente han dicho que
abandonaría la escuela, pero esa teoría se borra de mi mente al oír palabras
como “lobo”, “bestia”… Seguro que ha sido
Yámial que quería poner la guinda al pastel de mi desdicha. Desciendo hasta
llegar al recibidor y salgo al exterior. Miro atrás por última vez. La gente
mira desde las ventanas esperando ver alguna reacción por mi parte u oírme
alguna frase célebre. Busco la mirada de una persona, pero no la encuentro. Tan
sólo encuentro las de críos, profesores, y algún empleado de la torre un poco
curioso por enterarse de lo que pasaba. Finalmente veo la de Yámial,
triunfante. Sonríe, pero en su mirada detecto cierto miedo. Entonces alguien
sale por la puerta. Es Nesliz.
– So… sólo
quería despedirme y desearte lo mejor. –Le tiembla un poco la voz, sabe que
todo el mundo la ha visto salir para despedirse, incluso Yamial– Tú no has
tenido la culpa, no te tortures.
–
Gracias, cuídate mucho tú también. Espero tener noticias tuyas como la mejor
invocadora de todos los tiempos. –La voz me tiembla de una manera espectacular.
Me giro,
no quiero que me vea llorar. No me gustan
las despedidas (y eso que, hasta ahora, nunca me había tenido que despedir de
nadie así) Agacho la cabeza y comienzo a andar sin rumbo, únicamente
pensando en alejarme de allí cuanto antes. Oigo que alguien corre tras de mí.
–
Espera, por favor. –Es Nesliz de nuevo– Yo… –Duda por unos instantes si seguir
hablando, pero finalmente se decide– … Yo te quiero.
Se
acerca a mí con paso dubitativo, pero firme al mismo tiempo, sabe lo que hace. Cuando
está cerca de mí, pasa un brazo por mi espalda, me agarra por la cintura y me
acerca a ella. Mi corazón empieza a acelerarse. Después, con su otra mano, rodea
mi cuello hasta llegar a mi nuca y acerca su cara a la mía muy lentamente. Sus
ojos brillan por las lágrimas que aún quedan por derramar. Sus ojos están algo
enrojecidos, sin duda a causa de haber llorado durante mucho tiempo, tal vez
desde que se enterara de lo que me ha pasado y de lo que me espera. Esta chica en verdad me quiere. Entonces
se junta tanto a mí que nuestros labios se rozan. Me besa. Presiona con sus
labios mi labio superior. Yo estoy paralizado, no puedo reaccionar. Mis ojos se
cierran para saborear este beso, la única cosa buena que me han dado o han
hecho por mí hoy, irónicamente, el día de mi decimoséptimo cumpleaños. Ella abre
su boca, pero esta vez no para besarme un labio, sino toda la boca. Noto algo
húmedo que intenta entrar en mi boca y le dejo pasar. Este ente acaricia mi
interior y mi lengua, después sale. Tomamos aire de una forma acompasada, y
esta vez soy yo quien la besa a ella. Estamos así un tiempo hasta que ella se
separa, cae en mi pecho, y comienza a llorar de nuevo. La abrazo con fuerza
intentando trasmitirle la tranquilidad que ni yo mismo siento. Entonces alza la
cabeza. Las lágrimas surcan su rostro cayéndole por las mejillas. Me acerco y
la beso suavemente en los labios.
–
Tranquila, yo también te quiero. Pero has de comprender que debo marcharme,
podría hacerte daño. –Comienzo a llorar sin poder evitarlo.– Y eso no me lo
perdonaría jamás.
– Sí,
te entiendo, no quiero que mueras. Prométeme que no lo harás y que un día, en
el futuro, nos reencontraremos. Por favor.
– Te lo
prometo. –Aunque algo dentro de mí me dice que eso será imposible.– Vete, o te
meterás en problemas. Te quiero, adiós, hasta la vista.
Me giro
antes de que me vea llorar como una magdalena y me despido con la mano. Ha sido una despedida que nunca me había
imaginado. Ahora que ha pasado no sé si lo que acaba de pasar es un sueño o
en verdad ha sucedido… La verdad, siempre habrá algo en mí que seguirá creyendo
que ha sido un sueño, a pesar que sé que fue real. No me va a ser fácil cumplir mi promesa si no me voy de aquí antes de
que caiga la noche, pero lo he prometido y cumplo mis promesas… siempre que me sea
posible.

No hay comentarios:
Publicar un comentario